Un pan nuestro de cada día con gusto solidario
TESTIMONIO DE VIDA

Un pan nuestro de cada día con gusto solidario

08/07/2019
S

e llama Sandra Alfaro, elabora pan casero y lo regala a las familias más necesitadas. Un ejemplo a seguir.

 

 

 

   Cada vez son más las personas que participan en una causa solidaria, ya sea a través de fundaciones, ONG, actos benéficos. Cualquier tipo de ayuda sirve para paliar las necesidades de los más vulnerables.

   Y cuando estas acciones, provienen de la mano de una familia, que pone lo poco que tiene para brindar a otros una ayuda solidaria, sin bombos, ni platillos, conmueve y mueve a que se le brinde también toda la colaboración.

 

   Se llama Sandra Alfaro, quien junto a su hija Betty, recibió a El Orden en la cocina de su hogar, mate en mano, y aceptó contarnos sobre su gesto de ayudar a otros, pese a que no le sobra nada y vive al día.

Hoy la situación la sobrepasó, en virtud que había comenzado hace tiempo con la elaboración de pan y lo donaba a familias vulnerables, pero el número es más numeroso y se le ha complicado un poco la situación.

 

Ante la pregunta sobre qué la llevó a compartir el pan con otras familias, destacó Sandra: “La idea nació cuando vi que se estaba recaudando ropa de abrigo para gente vulnerable, y como a mí me encanta cocinar, opté con elaborar el pan casero para las familias que menos tienen. Hago para mi familia y vecinos, y decidí extenderlo para hacer un bien”, sostuvo.

 

En relación cómo hace para obtener la materia prima señaló sinceramente: “La materia prima la pido, y no me da vergüenza decirlo. Lo único que hago es elaborar el pan, y lo hago de corazón, porque me encanta ayudar a otros. Antes ponía todo yo, pero ahora no me alcanza. Hoy tengo que pedir harina, grasa y levadura para poder hacer tortas fritas y ayudar a otras familias como lo hice el día de ayer (por el domingo pasado)”.

 

   Contó que el reparto lo realiza junto con sus hijos. Salen en la moto con una bolsa grande y lo entregan a ocho familias. “Anoche, salimos a último momento con mi hija, para entregar a cuatro familias, teníamos más pedidos, pero era muy tarde. Se entregan por familia 16 panes. Hay panes chicos y grandes”.

 

Consultada sobre si es mucha la necesidad que ven cuando entregan el pan, señaló Betty, “hay muchas familias que pasan necesidad. Pareciera que en Pringles, no hay, pero sí, existe. Hay que salir, y recorrer casa por casa, para conocer la realidad”.

 

   Con respecto a la reacción de la gente cuando le acercan el pan, expresó Sandra: “Nos preguntan cuánto es, y se queda sorprendida cuando le respondemos que nada, que es una donación que hacemos. Nosotros no cobramos nada, ni queremos recibir nada. A veces nos preguntan si estamos con algún político o de alguna iglesia. Pero nada de eso, sale del corazón. Si tengo que hacer tortas fritas, o un guiso lo hago. Me gustaría hacer pizzas caseras y llevarlas a las familias. Pero ya va a salir, algún día voy a ir mejorando”, dijo con sinceridad y expectante.

 

 

Sobre qué capacidad de producción tiene, y qué necesita para seguir produciendo, destacó Sandra: “Hoy nos quedamos con ganas de seguir llevando panes, pero nos faltó. Si mañana tuviera la grasa y la levadura les haría tortas fritas. La grasa es lo más caro que hay, la levadura la puedo comprar, pero si nos dan una mano, se gasta menos. No me fijo en la garrafa, ni en nada, lo hago de corazón, y dentro de mis posibilidades”.

 

Ante la pregunta si su familia tiene alguna necesidad para cubrir, enfatizó: “Obviamente, que tenemos necesidades. No me faltan mercaderías, porque tengo para darle de comer a mis hijos. Uno de ellos viene hoy de Bahía Blanca donde está estudiando, y por ejemplo no tengo el colchón de su cama, y ropa de cama, y la cama rota, te soy sincera, pero nos arreglamos”.

 

Y reiteró Sandra: “Lo que necesito, si me quieren ayudar, es harina, grasa y levadura, para seguir elaborando y llevarles a las familias. No es para mi beneficio, sino que le llevo a gente que realmente necesitan. Ayer hice 155 panes, y dejamos estos tres para que los prueben, porque sabía que iban a venir”, dijo con sonrisas.

 

 

Y concluyó: “Mi casa es chica, pero el corazón es grande. Y cuando Dios te toca el corazón, te enseña a que hay que aprender a compartir. No una vez, sino siempre” .

Las personas que deseen sumarse con estos productos, para que Sandra pueda seguir elaborando los panes, pueden comunicarse al Celular: 2922- 424060 o en calle 14, esquina 42.

Si no pueden acercarse hasta la vivienda, Sandra Alfaro pasará a retirar la donación.

Un ejemplo de vida, de humildad y de amor al prójimo.

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