Cuando los Corsos era la máxima atracción del verano
HUBO UN TIEMPO…

Cuando los Corsos era la máxima atracción del verano

26/02/2020
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ubo un tiempo en que los corsos, con sus murgas y comparsas, constituían la máxima atracción de los veranos. Nuestros barrios se vestían con los disfraces más vistosos y los vecinos se volcaban masivamente a las calles. Sin embargo, esa alegría se agotó y ahora el carnaval casi está limitado a algunas que otras actividades alusivas.

 

Pasaron los Carnavales. En nuestra ciudad, el feriado largo se sintió por sus calles casi vacías, y muchos negocios cerrados. El único baile de Carnaval se pudo vivir un día, en el Club Independiente.
La mayoría aprovechó esos días para disfrutarlos en la costa o en las sierras.

Durante mucho tiempo el Corso Oficial fue una fiesta a la que asistían personas de todas las condiciones sociales pero en la medida que el carnaval se fue organizando, fue perdiendo su espontaneidad. Para muchos las décadas del '50, del '60 hasta el '70 fueron las mejores en todo sentido.

Papelitos, serpentinas, enormes cabezudos, viejos, jóvenes, ricos y pobres salían a las calles a divertirse o entablaban en las esquinas y balcones verdaderas guerras de agua, con globos y baldazos.

En los grandes días de carnaval salían a relucir todos los carruajes que existen en la ciudad; en esa oportunidad van descubiertos y repletos de jóvenes, con peinados y vestidos de baile, y muchas veces, disfrazadas.

El Corso Oficial era la gran atracción de la fiesta, que aquí se celebraba con una pompa extraordinaria. Lo constituían tanto mascaritas sueltas que iban a pie, en carruajes o trepadas en carros alegóricos o grotescos, como comparsas, caminando al paso, detrás de una pancarta, ejecutando, hermosas tonadas.

La multitud era inmensa, las calles estaban embanderadas. Todo el centro estaba adornado con luces, máscaras alusivas que colgaban de los postes de luz…. la ciudad estaba transformada, en esos días , tanto el gobierno como los particulares no reparaban en los gastos necesarios para disponer decoraciones durante todo el día e iluminaciones durante toda la noche.
A la hora del inicio del desfile, 22 horas, era anunciada con bombas, y la agitación llegaba a su colmo; durante dos horas la gente avanzaba lentamente, siguiendo un trayecto preestablecido, (que siempre era "la Vuelta del Perro", por calles San Martín, Rivadavia, Stegmann y Mitre), entre las filas de espectadores, familias enteras, que se hallaban apostadas en el citado sector. Era una fiesta.

No podemos olvidar los juegos con agua, muy disfrutada por los pringlenses. Consistía, ni más ni menos, en empaparse, entre los miembros de diferentes sexos.

A tal efecto, se usaban pequeñas bolsas de plomo, llamadas 'pomitos', que, bajo presión de la mano, dejaban escapar por su extremo un chorro de agua. Lo bueno venia después, cuando otra bomba de estruendo, anunciaba el cierre de la noche de carnaval e indicaba que se podía empezar a mojar. Ahí desaparecían los pomos de agua, y aparecían los baldes y globos llenos de agua.
Todo era corridas con pomos y papel picado que llenaban la cabeza y costaba mucho sacar. Había un gran desbande, quedando menos gente, y así pasaban los tres días.

 

Las jóvenes, era el centro de atención. Ataviadas para el baile de Carnaval que se realizaban en los clubes al cierre del Corso ,( como Club Alem o Independiente) debían escapar corriendo para evitar estropear su vestimenta y sus peinados 'batidos', muchas sin éxito que llegaban empapadas.

Los globos con agua, salían disparados como balas, desde el club de Pelota, Hotel Pringles, y casas de familias céntricas, con buena puntería.
Y durante el día, desde las 13 a 17 horas, salían los autos y camionetas, con baldes y globos de agua, para tirarlos a cualquier transeúnte que en esas horas se animara a salir por las calles, no se respetaba siquiera a quienes iba a su trabajo. También en la pileta del club Independiente se mojaba, todo era jugar con agua en todos los barrios.

Y sí, muchas cosas han cambiado. Ya no existen esas 'barras' de amigos que se juntaban para divertirse sanamente, algunas noches en alguna casa amiga, o en un club, para continuar con la diversión que se extendía, sí o sí, hasta las tres de la mañana. Ni un minuto más, siempre bajo la mirada atenta de los padres.

¡Qué recuerdos que acompañaron la vida de muchos! (y los nuestros).
Y así siguieron durante varios años, luego llegaron los bailes de carnaval, que se realizaban en la pista de patín del Club Independiente, en el Centro de Almaceneros, en Club de Pelota, en el Pringles Hotel…. y a bailar hasta las 4 ó 5 de la mañana…

Todo eso se perdió. Hoy la diversión pasa por otros cánones, más difíciles de sortear.
Hay violencia y agresividad a la hora de divertirse; el alcohol y la droga reemplazaron a la clásica gaseosa y al fernet con cola; se sale en patota, donde la premisa pareciera ser el 'Vale Todo', sin importar lo que suceda después, a veces con trágicas consecuencias.

Todo fue cambiando. Existen hoy otros valores, otros códigos, otra educación, otra forma de vivir (¿o sobrevivir?); otra manera de ver el presente, sin pensar en el futuro; la tecnología lo ha cambiado todo. ¿Será para bien? o ¿será para mal?.... ese es precisamente el quid de la cuestión.

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