Viven 8 familias y se recuperó su antiguo almacén
EL GAVILÁN:

Viven 8 familias y se recuperó su antiguo almacén

La nota fue realizada por Leandro Vesco a  la referente del Archivo Histórico de la ciudad, Celeste Di Crocce para la Revista el Federal, donde habla del paraje y  anuncia para el próximo 5 de noviembre un gran almuerzo.
26/09/2017
E

n numerosas oportunidades hemos hablado desde nuestras páginas sobre la historia de este Paraje,  sobre su gente y su presente, pero cuando vemos que otros medios destinan un espacio para informar sobre El Gavilán, a través de una entrevista realizada a Celeste Di Crocce, responsable del Archivo Histórico de la ciudad, nos tienta reproducirla para nuestros lectores.

 El Gavilán es el nombre del pueblo que hoy ya no existe. No aparece en muchos mapas y su existencia se parece más a la construcción colectiva de las ocho familias que permanecen en este punto indefinido de la cartografía bonaerense. Pero a pesar de esto, la fuerza de un grupo de voluntarios, junto con estas familias, desde hace diez años le quieren doblar el camino al destino y lo lograron: hace un tiempo recuperaron el viejo almacén de ramos generales del pueblo. El Gavilán, lejos de morir, hoy ve el horizonte con proyectos e ideas.

 “Hemos logrado reconstruir aquel viejo boliche, almacén de ramos generales de El Gavilán“, nos dice con orgullo Celeste Di Croce, responsable del Archivo Histórico de Coronel Pringles y parte del equipo que aceptó la aventura de darle un nuevo impulso al paraje que estaba destinado al olvido. La idea de abrir las puertas del almacén partió de viejos vecinos del pueblo, ex bolicheros, antiguos clientes del almacén y de un grupo de voluntarios que entendieron que entre todos podían salvar del derrumbe a este esquina centenaria que fue el centro de todo el movimiento familiar de este pueblo que perdió a casi todos sus habitantes.

 

La idea de la recuperación nació en el año 2006. Recién en estos días se puede ver el resultado de más de una década de trabajo. Los procesos de éxodo se dan rápido, pero cuando se pretende hacer el camino contrario, es decir, devolverle la vida a un lugar contaminado con el viento del olvido, el tiempo pesa el doble.

 “En el medio de todo, tuvimos que soportar un ciclo de lluvia, los caminos se inundaron y fue difícil llegar al paraje”, recuerda Celeste. Contra todo y todos, el grupo no perdió el reto, todo lo contrario, lo continuó aceptando: volver a abrir las puertas del viejo almacén se volvió un desafío. Para tal fin, y para recaudar fondos, hicieron almuerzos que resultaron multitudinarios: mucha gente en Pringles tenía algún recuerdo con el almacén y no quería que se perdiera en el mapa.

 Las anécdotas de quienes conocieron el almacén en sus años mozos nos conmueven: era el único ramo general de la zona, pero además, como todos estos templos criollos, tenían un sector de su inmenso mostrador afectado a brindar espacio para la ceremonia del vermut. Entonces el gaucho venía a comprar el abasto y se quedaba tomando unas copas, acompañando la soledad con risas e historias.

 En el pueblo hubo un Club, que esté frente al boliche. El monte no tuvo tanta misericordia con estas paredes, y hoy sólo quedan las ruinas. Aún funciona la Escuela 5, donde un puñado de muchachitos todos los días concurre a clases. El viejo almacén se usa como SUM para festejar los actos de fin de curso. Lo decimos siempre: la presencia de estos lugares en los pueblos tienen una importancia que trasciende el hecho comercial. Son estas esquinas las que unen a la familia rural.

 El grupo de voluntarios son veinte. Durante todo este tiempo se han reunidos todas las semanas para pensar las próximas acciones. Hubo encuentros en donde parecía que el sueño era inalcanzable y que se esfumaba con el ventarrón de la soledad y el olvido, pero por lo general, en las reuniones se trazaban las coordenadas para ubicar con mayor certeza la plena recuperación del almacén.

“Podemos decir que pudimos reconstruir el almacén”, afirma Celeste. Hoy la esquina ya está lista para recibir nuevamente visitantes. Su función ahora será ser un salón donde se ofrezcan almuerzos, los sabores típicos del campo invadirán las estanterías, las paredes, adobadas ya por los decires de los gauchos, volverán a sentir los pasos y las risas de las familias que regresarán a esta esquina, que acaso predisponga al destino para darle una nueva oportunidad a este paraje donde se aquerencian ocho familias.

 “Nuestro próximo paso es ofrecer un gran almuerzo para el 5 de noviembre. Como solemos hacer, el precio de la tarjeta será muy popular y familiar. Ofreceremos entrada de chorizos, cordero,  tapa de asado al asador y ensaladas, todo se puede repetir las veces que uno quiera. Acá la comida es ilimitada“, la invitación tiene la camaradería y el protocolo que se dicta en el campo: el servicio, esmerado, es sobre todo un excusa para juntarse, en este caso, será para continuar recaudando fondos para seguir con la restauración del almacén.

“Para el año que viene queremos volver a hacer los bailes que se hacían acá”

 Las ideas de este grupo de voluntarios que le ganaron al abandono, son muchas. El Gavilán hoy vuelve a tener activa su esquina más convocante. Estas ocho familias que se quedaron en el pueblo, se despiertan todos los días con una sonrisa: acá, en El Gavilán, pueden decir con orgullo que cambiaron la historia. (Revista el federal)

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