Cuando falla el código de ética en el cuidado de los  Adultos Mayores
EDITORIAL

Cuando falla el código de ética en el cuidado de los Adultos Mayores

24/12/2020
L

a denuncia realizada por Alejandra Gómez, publicada ayer, por El Orden en su página web y gráfica, sobre lo que le aconteció a su padre, internado en un geriátrico de nuestra ciudad, conmovió a la comunidad y causó indignación.

 


Su hija, que reside en Córdoba, vino a Pringles para cuidar a su padre, cuando enfermó de Covid-19. Durante más de un mes, estuvo en su casa viviendo con él, hasta que curó de la enfermedad. Para quedar tranquila, y que su padre esté cuidado, en octubre, antes de regresar a Córdoba, lo alojó en un geriátrico privado. Hace pocos días recibió un llamado del citado residencial, manifestándole que su padre Abel Gómez, se hallaba enfermo….

Alejandra, llamó al profesional que siempre lo atendía, y al ir a visitarlo, lo encontró en mal estado, por lo que decidió internarlo, en virtud que Abel Gómez, se hallaba desnutrido, deshidratado y esquelético. Hacía tres días que no orinaba, y estaba muy descuidado. Reiteramos algunos de estos conceptos, que expresaba en la carta enviada, para meternos de lleno en este tema, que lamentablemente tiene muchas más víctimas que están sufriendo lo mismo, y se desconoce lo que están pasando. Los adultos mayores, nunca hacen una denuncia, ya sea por temor o por vergüenza.
Ahora bien, con la indignación que nos provocó esta situación - que debe haber muchas más - y con el mayor de los respetos, creemos que la familia, es el grupo en el cual debe permanecer el anciano el mayor tiempo posible, pues desvincularlo de su medio constituye un factor de alto riesgo social..
El ingreso en un geriátrico, significa para cualquier anciano, una prueba psicológica tremenda.
A excepción de unos pocos que deciden ellos mismos el ingreso, hay que decir que esta medida viene a ser una despedida del pasado, a la que se asocia un sentimiento de humillación, la pena de haber tenido que abandonar lo esencial de su "ámbito existencial" -su barrio, vivienda, amigos, muebles propios- pertenece a una realidad demasiado inmediata para que quepan remedios cómodos.

Aún en el caso, que no existiera otra posibilidad que alojarlo en un residencial, por causas diversas, consideramos que se puede buscar la forma de realizarla de una manera segura, cuidada, con el seguimiento de una persona que lo visite a diario, para comprobar su estado de salud, su alimentación, su cuidado, su estado de ánimo. No olvidemos que ellos hicieron grande esta sociedad que hoy disfrutamos, y merecen la mejor calidad de vida.

Más allá de ciertos abusos horrendos, - de los que con frecuencia solemos hacernos eco los medios de comunicación - sobre todo cuando aquéllos han implicado la muerte de la persona internada, en la vida ordinaria de las instituciones se presentan situaciones desgargantes, generalmente ignoradas e impensables para quienes nunca han visitado un establecimiento de este tipo.

Animarse a "ponerle voz al silencio", sobre este tipo de maltrato, no es tarea sencilla, ya que los Ancianos rara vez denuncian, ya sea por temor o por vergüenza, pero también porque la mayoría desconoce sus Derechos. Por eso subrayamos el rol indelegable del Estado, ya que cuando éste no protege a sus ciudadanos de otros que puedan causarles daño, comparte la responsabilidad de tales actos con quienes los cometen.
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Dónde está el Código de Ética, que deberían contar todos los geriátricos, o las residencias para Adultos Mayores. Deben contar con ese código, que esté a la vista de todos.
Cuidar a nuestros mayores es un yacimiento de empleo en expansión, que tiene que ser realizado por personas motivadas y que tengan vocación de cuidador, no sirve cualquiera para este tipo de trabajo, las personas que no se sientan motivadas para ello, mejor que opten por otra salida profesional.

Por ello en la medida que todos comprendamos que los viejos no son los otros, sino nosotros en el devenir del tiempo, todos iremos logrando un trato más humanitario, justo y equitativo para los Adultos Mayores.
Para finalizar, rescatamos a nuestro Martín Fierro:
"Respeten a los Ancianos
el burlarse no es hazaña...
La cigüeña, cuando es vieja,
pierde la vista, y procuran
cuidarla en su edad madura
todas sus hijas pequeñas;
aprendan de las cigüeñas
este ejemplo de ternura".

María Angélica Cejas

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