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Relatos de vida: Transformar el dolor para continuar viviendo

Cómo sobreponerse a situaciones críticas y de dolor que nadie las espera, como la muerte de un hijo, y descubrir que la vida continúa.

27/07/2022
Relatos de vida: Transformar  el dolor para continuar viviendo

La semana pasada visitó nuestra ciudad Alejandro Gorestein, escritor y periodista que desde hace 12 años escribe sobre la resiliencia, para presentar su último libro ""Mujeres Resilientes, historias que inspiran fortaleza y esperanza ante la adversidad". En dicha presentación, tres mujeres de nuestra ciudad dieron testimonio de cómo pudieron sobreponerse a situaciones de dolor que atravesaron.
"La resiliencia es esa capacidad que tenemos todos los humanos para poder transformarnos y fortalecernos ante situaciones que nos tocan afrontar no solamente en cuestiones de mucho riesgo o difíciles o que parecen imposibles de salir adelante que pongan en riesgo nuestra capacidad psicofísica, sino también situaciones de la vida cotidiana", dijo en Gorestein durante la presentación de su libro.

En cuanto a las mujeres que esa noche contaron por lo que atravesaron fueron Evangelina Valderrey, Belén Ascorti y Pamela Halter. Seguramente muchos de nuestros lectores las conocerán, incluso sus historias de vida. Hoy queremos compartir lo más importante del relato que hizo esa noche Evangelina.

Evangelina Valderrey.
Su historia tiene que ver con el fallecimiento de una hija. ¿Hay algún dolor más fuerte que la pérdida de un hijo?
Evangelina contó que en el año 2008 estaba embarazada de su segunda hija, Paulina, y como toda mamá iba a los controles. "Yo soy enfermera, en este momento no estoy ejerciendo, pero en ese momento sí. A los controles siempre me acompañaba mi hija Catalina, que en ese momento tenía cuatro años. Y ese día, por algo de la vida, no fue. Empezó hacer el control y el corazoncito de Paulina no latía. Entre miradas van, miradas vienen fue suficiente para darme cuenta qué es lo que estaba pasando. A partir de ahí se me vino el mundo abajo".


A Evangelina la derivan a un centro de salud para realizarle una ecografía. "Llamo a casa, le digo a mi esposo que deje a Cata con la abuela y que me busque porque tenemos que ir al Sanatorio a hacerme una ecografía. Paulina está muerta. Y ahí empezó todo", relató Evangelina. Fue una muerte súbita intraútero.

Cada parte de la familia reaccionó de manera diferente
Paulina nació por cesárea "y mientras estuve internada yo sentía que todos murmuraban y mi cabeza iba a 2000. Mi mamá, que particularmente no ha hecho duelo todavía; mi marido que lo hizo de manera diferente, él pudo ver la carita de Pau, yo no. Lo único que quería era irme, llegar a casa y decírselo a Cata. Ella había armado el bolso, habíamos armado la habitación". Ya en su casa, Evangelina contó a su hija lo sucedido. "No recuerdo exactamente la cara de ella, pero absorbió todo como una esponja y creo que a partir de ahí fue una mujercita resiliente. Aprendió a vivir una adultez de chiquita, obviamente le fueron pasando un montón de cosas pero las vivió y las vive… para mí eso fue un gran logro.
Por eso cada uno de mi familia tuvo un duelo diferente. Yo a mi duelo aprendí a hacerlo con el grupo de mutua ayuda para familiares en duelo que tenemos en Pringles (Grupo Resurrección). Justo fue un año en que ese grupo tuvo muchas muertes traumáticas. Pasé por todas las etapas del duelo: la ira, la negación, el enojo, el por qué a mí si yo soy buena, por qué me mandaste esto. Me peleé con la Iglesia, con Dios, con el cura; en ese momento era catequista, me enojé. Y después de ese proceso algo me hizo clic".

Dentro de ese clic, Evangelina contó que un día su hija no quiso acompañarlos más al cementerio "porque lo único que ustedes hacen en el cementerio es llorar. Eso fue como un consejo. Ahora pueda ir al cementerio y lo tomo como un lugar de charla, lloro obviamente porque tenés tus recuerdos. El tema del duelo no es olvidar sino aprender a vivir con ese dolor y poder transformarlo. La ley de la vida dice que uno está pensando en que va a despedir a un papá, nunca a un hijo. Nunca te vas a olvidar de la muerte de un hijo pero sí vas a poder aprender a transformar ese dolor y a partir de ahí, seguir viviendo", comentó Evangelina, entre voz cortada y algunas lágrimas, a los asistentes a la presentación del libro de Alejandro Gorestein.

Destacó que el Grupo Resurrección "me ayudó mucho, fueron nueves meses porque dicen que el duelo son nueve meses, como el embarazo; y en ese tiempo pasamos por todas las etapas y fuimos aprendiendo a sonreír de lo que nos había pasado y el para qué; cambiando el por qué a mí al para qué. Como enfermera me sirvió un montón cuando tuve que acompañar a muchas mamás que les pasó algo parecido o similar. No podés cambiar lo que te pasó pero si podés cambiar la forma de verlo y a partir de ahí empezar a transitar".

La llegado de
otro hijo.
"Siempre pensé en tener otra posibilidad de ser mamá. Yo me podría haber hundido con Pau" pero "sabía que tenía una nena que merecía tener su mamá. Y cuando decidimos quedar embarazados, fuimos al médico y me dicen que primero el cuerpo tiene que estar bien, (esperar) dos años mínimos, pero fundamentalmente bien en lo psicológico porque no sabemos si puede volver a pasar, no sé si en la misma magnitud pero una mamá sabe que podés perder un bebé al mes, dos meses o en la misma situación. Ese fue el proceso psicológico que tuvimos que pasar con mi familia para saber si yo estaba preparada.
Y puedo asegurar que desde que me enteré que estaba embarazada, los nueve meses y hasta el nacimiento de Camilo, estaba feliz pero por adentro iba mi procesión. No de un miedo continuo porque le iba a afectar al bebé, pero era una duda. Hasta que no sentí a Camilo llorar no me quedé tranquila. La llegada de Camilo fue como una luz para toda la familia. Hoy es el tormento de la casa. Fue la alegría y fue lo que marcó la felicidad". Hoy Catalina tiene 17 años y Camilo nueve.

Aprender a vivir con la
cruz que nos toca.
Cerrando su testimonio, Evangelina recordó una frase que algunos hemos escuchado alguna vez: "Dios no nos da una cruz más pesada de la que podamos llevar, de hecho el llevó su cruz. Creo que así como nos hacemos resilientes para poder seguir, ese peso, esa historia de cada uno es la que nos marca. Creo que en la fuerza que uno tiene con sus amigos, su familia, su entorno es la fuerza que te da para transformar esa cruz, para que no sea una mochila pesada, sino que te sirva como algo para dar a los otros y poder vivir vos".
A Evangelina eso también le sirvió "porque a raíz de todo esto me volví a amigar con la Iglesia, con los curas, con la misa, volví a ser catequista y siento que, a partir de esa vocación de servicio, veo en esos chiquitos reflejado a mis hijos. No hay peso que no se pueda soportar, no hay tristeza que no se pueda sobrellevar, el duelo hay que hacerlo. A todos nos va llegar en algún momento, quizás no en estas formas traumáticas porque nadie las espera pero hay que aprender a vivir, disfrutar el cada día. Yo tuve un antes y un después de lo que me pasó por eso digo que hay que valorar la vida

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