La historia de

La historia de "Poncho Negro"

28/01/2019
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enito Cejas, jugador de Lanús en el 55, fue dado por muerto cuando los bombarderos de aviación naval lo atacaron cerca de Pringles. Se refugió en nuestra ciudad, se entrenó, y al domingo siguiente le hizo un gol a Boca

 

Aquí replicamos una nota de la web: launiondelanus.com.ar; una linda historia sobre un jugador conscripto al que dieron por muerto y retornó una semana después convirtiéndole un gol a Boca. Una historia que sucedió en nuestra ciudad, donde el jugador se entrenó para llegar en buena forma al partido del domingo.

BENITO CEJAS: EL CONSCRIPTO JUGADOR DE LANÚS QUE DIERON POR MUERTO EN EL 55, PERO APARECIÓ AL OTRO DOMINGO PARA GANARLE A BOCA CON SU GOL

Poncho Negro fue dado por muerto a mediados de septiembre de 1955. Había partido rumbo a Bahía Blanca a bordo de un convoy militar junto a otros conscriptos como él del regimiento 3° de infantería de La Tablada. A los 66 años, sus recuerdos de aquel viaje hacia el frente eran tan vagos como dolorosos y emocionantes. Alejado del fútbol y de la fama, vivía en un complejo habitacional del gremio de prensa de la ciudad de Córdoba. Se mantenía con sus changas como obrero de la construcción y trataba de gestionar una pensión de las que otorga la AFA a un puñado de exjugadores. Su historia resultaría impensada para esta época, a no ser porque continúan existiendo las guerras y los golpes de estado en varios países.

En 1952 llegó a Lanús junto a Raúl García desde el semillero del Racing de Nueva Italia. Con el tiempo, sus reconocidas cualidades de goleador lo llevaron a integrar el seleccionado argentino durante los Juegos Panamericanos de México. Serio, de mirada profunda, usaba el bigote finito a lo Clark Gable, tan de moda entre los hombres de aquellos años. Poncho Negro -le decían así por un personaje gauchesco de historieta- provenía de una familia numerosa y peronista. En la semana previa a un partido clave con Boca por la decimonovena fecha del campeonato de 1955, recibió la orden de salir hacia el sur junto a otros soldados que hacían el servicio militar y jugaban en Lanús al mismo tiempo. El goleador era el conscripto más popular del regimiento y, cuando estalló el levantamiento de septiembre, le ordenaron que integrara una columna que partiría con destino a las bases navales que se habían sublevado contra Perón en Bahía Blanca. El delantero cordobés estuvo a punto de entrar en combate el 16 de junio, el día que los militares bombardearon la Plaza de Mayo, aunque en esa ocasión solo quedó acuartelado.

Tres meses después tuvo que marchar hacia el campo de batalla sin comprender bien cuál era su misión. Pero jamás llegó al destino que sus tropas se habían propuesto. Muy cerca de Coronel Pringles sintió el ruido ensordecedor de los viejos Beechraft y Grumman de la aviación naval insurrecta. La indicación que recibió como todo soldado, fue el clásico cuerpo a tierra. La mayoría de los colimbas saltó hacia la izquierda de los transportes de las tropas buscando refugio. Poncho Negro, acaso por intuición, se arrojó hacia la derecha del camino. "Pensé que iban a tirar al montón y no a uno solo" evocó.

Esa decisión lo alejó del grupo. Se escondió muy cerca de un alambrado, oculto entre unos yuyos, en una zona que era toda descampada. De ese modo evitó la metralla y las bombas que disparaban las naves sublevadas sobre el ejército leal al gobierno. Pero, de esa forma también, nada se supo de él por un momento que se tornó infinito.
Hasta hubo quienes supusieron que había muerto. Un dato lo indicaba: cuando llegó el parte con las bajas, figuraba un soldado con su mismo apellido. Sin embargo, a Poncho Negro apenas le había hecho cosquillas el bombardeo. Un rato más tarde y tras el bautismo de fuego, lo encontraron sus compañeros del regimiento. Estaba ileso. El muerto resultó que había sido un alférez. Detenido el convoy por los aviadores de la base aeronaval Comandante Espora, el jugador de Lanús no olvidó ni un instante que el domingo tenía otro tipo de compromiso, en el que las armas a emplear eran diferentes. Un antiguo corralón de la Municipalidad de Coronel Pringles le sirvió de escenario para no perder su estado físico. Ahí practicó solo, observado por algunos curiosos que no alcanzaban a entender por qué lo hacía.

Mientras tanto, en Buenos Aires, la gente de sus afectos comenzó a desconsolarse con las primeras noticias que llegaban desde el sur. La mamá de Poncho Negro se enteró por casualidad del supuesto fallecimiento de su hijo mientras viajaba en colectivo desde Remedios de Escalada hacia Lanús. Escuchó durante el trayecto, cómo un par de jovencitas comentaban la muerte del número nueve y los preparativos para su velatorio en el club Lanús. Fuera de sí, la mujer les demandó más detalles a esas pasajeras que no supieron cómo dárselos.

Oscar Altruí fue su excompañero de regimiento y con los años veterano dirigente del club granate. Su versión sobre aquella desaparición de Poncho Negro era diferente. Solía recordar que el conscripto perdido era otro y que lo encontró con el goleador cordobés. Pese a ello, se encargó de aclarar en el club que su camarada no había caído en combate bajo los pesados proyectiles de los antiguos aeroplanos de la revolución fusiladora.

Rodolfo Walsh escribió un artículo en la desaparecida revista Leoplán que, en uno de sus párrafos, se refiere a aquellos sucesos ocurridos entre el 16 y el 18 de septiembre del 55: "Por el camino de Laprida a Coronel Pringles avanzan cincuenta micros con tropas, protegidos por artillería antiaérea. El ataque a esta columna, en oleadas de aviones, dura todo el día, y al fin se consigue retardar su avance, causándole gran destrucción de material. Otra columna es sorprendida entre la Sortija y Coronel Pringles y dispersada con bombas y fuego de ametralladoras. Gran parte de los treinta vehículos que la componen se incendian…" Poncho Negro emergió de aquella incursión aérea con buen talante, acaso sin darse cuenta de que lo había acariciado la muerte. "Llegué el sábado a Buenos Aires, me comí un churrasquito y el domingo le ganamos a Boca 1 a 0 con un gol mío. En Lanús muchos creían que no había contado el cuento. Si hasta mandaron coronas a mi velatorio". El fútbol no se había suspendido y un par de meses después del derrocamiento de Perón, River se alzaría con el título en la cancha de Boca. Al año siguiente, en el estadio Monumental, Néstor Pipo Rossi -aquel número cinco de vozarrón-, lesionó seriamente al personaje de esta peculiar historia, cuya carrera deportiva declinó para siempre.

El goleador no había salido de la obra de Agustín Cuzzani llamada El centrofoward murió al amanecer, que filmó René Mujica. Pero Poncho Negro y los suyos quedaron marcados por aquella confusión con el alférez en un campo vecino a Coronel Pringles. Ese militar se apellidaba Cejas, como él, pero no era Benito. El crédito de Lanús había salvado el pellejo durante el bombardeo. Unas horas después se dio el gusto de ganarle a Boca con un gol suyo cuando le estaban por rezar un responso.

*Por Gustavo Veiga, del libro "La Vuelta al Fútbol en 50 historias" - Periodista de Página 12 y Derribando Muros.
Fuente: launiondelanus.com.ar

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