De Pringles al Colón: el zapatero que calza a los mejores
EL CURRÍCULUM QUE LE CAMBIÓ LA VIDA

De Pringles al Colón: el zapatero que calza a los mejores

06/10/2019
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s diseñador Industrial egresado de la UNLP y hace tres años ganó el concurso para la segunda jefatura del taller de zapatería de este prestigioso ícono porteño.

 

 Cuando el pringlense Federico Zaffaroni se anotó en la  Universidad Nacional de La Plata para estudiar la carrera de Diseño Industrial jamás imaginó que iba a convertirse en uno de los jefes del taller de zapatería de una de las salas de ópera más importantes del mundo: el Teatro Colón de Buenos Aires.

   De hecho, cuando buscó trabajo allí ni siquiera conocía a este prestigioso edificio cuyas excepcionales condiciones acústicas y arquitectónicas lo ubican al nivel de teatros como la Scala de Milán, la Ópera de París, la Ópera de Viena, el Covent Garden de Londres y el Metropolitan de Nueva York. 

   “Esto no fue algo planeado, solo se fue dando”, contó a La Nueva.

   Luego de recibirse en 2005 y de vivir un año en Pringles, decidió regresar a La Plata y capacitarse en cursos de confección de calzado, en la ciudad autónoma.

   Más tarde se contactó con un fabricante de calzado a medida en Los Hornos -localidad cercana a La Plata- quien le enseñó todos los secretos del oficio.

   En paralelo, y con la ayuda de la familia, se fue comprando equipos y llegó a montar su propio taller en La Plata.

   Pero la demanda no era exorbitante y si quería seguir creciendo en el rubro debía capacitarse en ortopedia ya que los principales clientes eran personas con dificultades para conseguir calzado adecuado en las tiendas comerciales.

   Entonces comenzó a enviar currículums al Teatro Argentino de La Plata, para trabajar como zapatero, pero nunca surgían vacantes.

   Allí le aconsejaron probar suerte en el Teatro Colón, y así lo hizo. Envió su currículum y un CD con imágenes de sus calzados y 15 días después lo llamaron para una prueba y lo contrataron. Fue hace 5 años.

   Armado en pliegues del calzado para ballet.

   Hoy su trabajo consiste en confeccionar y reparar el calzado del cuerpo artístico estable -del coro y del ballet- y también el de los artistas contratados para  cada nueva función de ópera.

   El taller funciona con 16 empleados que reciben los figurines (modelos en papel que sirven de patrón para confeccionar los calzados) y a partir de esta información se revisa en el depósito del teatro si existen piezas ya fabricadas.

   “Lo que no se encuentra como calzado de reposición se fabrica según el molde, la horma y el número”, dijo.

   Este trabajo le permitió conocer a personalidades como el renombrado vestuarista Gino Bogani y diseñar botas para el tenor rosarino José Cura, para la ópera Don Carlo, de Giusseppe Verdi, entre otros artistas de reconocida trayectoria.

 Con sus amores: Guillermina, su esposa y sus hijos Ramiro y Emilia.

   “Las medias puntas para las bailarinas y bailarines de ballet se hacen nuevas para cada obra presentada porque es un calzado de descarte que sufre mucho desgaste. Es muy liviano y está hecho en tela de gabardina”, comentó.

   “Hay zapatos en cuero para ballet con suela de baqueta y refuerzos flexibles que debe amoldarse al pie de quien lo calza y tener un buen agarre en el escenario”, dijo.

   Federico Zaffaroni trabaja de martes a domingo a instancias del taller y además debe asistir a los ensayos generales y pre generales de las funciones de ópera y ballet.

   “Debemos estar en platea para ver si el zapato es funcional, si concuerda con el color del vestuario o si hay que hacer alguna modificación”, indicó.

   “También se asiste al artista en camarines. Repartimos el calzado antes de la función y lo recuperamos cuando termina para guardarlo”, añadió.

Primer calzado acordonado que diseñó.   

   Antes de trabajar en el Teatro Colón, este diseñador confeccionó calzado para vender en el local comercial de una colega quien, a su vez, vendía ropa de diseño.

   “Me encargaba de todo el proceso: compraba los cueros en Boedo, llevaba todos los materiales al taller y los cortaba, cosía y armaba”, contó.

   “En este rubro, la tarea se hace en serie: mientras alguien corta, otro cose y otro arma. Es una rueda de trabajo. Yo estaba solo y no me daban los tiempos y era difícil encontrar gente que supiera trabajar en esto”, comentó.

Modelo de calzado femenino que confeccionó a medida.

   Hoy, el profesional vive en La Plata y está casado con la docente y psicopedagoga Guillermina Folino, con quien tiene dos hijos: Emilia, de 8 años y Ramiro, de 5.

   “La gente o grupo humano que encontré en el teatro me hizo sentir como en casa desde el primer día, tanto mi jefa, Blanca Villalba, como mis compañeros, con quienes pasamos mucho tiempo compartiendo experiencias en el taller, con aciertos y desaciertos. Todo suma para que lo que hacemos se luzca en el escenario”, dijo Federico Zaffaroni.

   El Colón

   El Teatro Colón de Buenos Aires es una de las salas de ópera más importantes del mundo. 

   En su primera sede, el Teatro Colón funcionó desde 1857 hasta 1888, año en que fue cerrado para la construcción de una nueva sala. Ésta fue inaugurada el 25 de mayo de 1908 con una función de Aída. 

   En sus inicios, el Colón contrataba para sus temporadas a diferentes compañías extranjeras.

   A partir de 1925 contó con sus propios cuerpos estables –Orquesta, Ballet y Coro- y sus propios talleres de producción, lo cual le permitió, ya en la década de 1930, organizar sus propias temporadas financiadas por el presupuesto de la ciudad. 

   Desde entonces, el Teatro Colón ha quedado definido como un teatro de temporada o stagione con capacidad para realizar íntegramente la totalidad de una producción gracias al profesionalismo de sus cuerpos escenotécnicos especializados. 

   A lo largo de su rica historia, ningún artista de importancia del siglo XX ha dejado de pisar su escenario.

   Basta mencionar a cantantes como Enrico Caruso, Claudia Muzio, Maria Callas, Régine Crespin, Birgit Nilsson, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, a bailarines como Vaslav Nijinski, Margot Fonteyn, Maia Plisetskaia, Rudolf Nureyev, Mijail Barishnikov, a directores como Arturo Toscanini, Herbert von Karajan, Héctor Panizza, Ferdinand Leitner, entre decenas más. 

   También es frecuente que, siguiendo la tradición inaugurada por Richard Strauss, Camille Saint-Saëns, Pietro Mascagni y Ottorino Respighi, los compositores vengan al Colón a dirigir o supervisar los estrenos de sus propias obras.  

   Varios maestros de primer orden trabajaron aquí sostenidamente hasta lograr elevadas metas artísticas, como Erich Kleiber, Fritz Busch, directores de escena como Margarita Wallmann o Ernst Poettgen, maestros de baile como Bronislawa Nijinska o Tamara Grigorieva, directores de coro como Romano Gandolfi o Tullio Boni, sin dejar de mencionar a los numerosos solistas instrumentales y orquestas sinfónicas y de cámara que ofrecieron en nuestro escenario veladas inolvidables a lo largo de más de cien años de sostenida actividad.

   Finalmente, a partir del año 2010, el Teatro Colón exhibe un edificio restaurado en todo su esplendor original, dando un marco de distinguida jerarquía a sus presentaciones. 
Por todas estas razones, el Teatro Colón es un orgullo de la cultura argentina y un centro de referencia para la ópera, la danza y la música académica en todo el mundo.

LA NUEVA 

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