ALLA LEJOS…. Y HACE TIEMPO
¿Te acordás de los ‘lunes locos’ de Tienda La Pampa?
La céntrica esquina de Stegmann y Rivadavia fue la elegida para que el 3 de Noviembre de 1921, la firma Rodríguez Barros Hnos. y Cía., proveniente de la Capital Federal abra la Gran Tienda La Pampa en nuestra ciudad.
Esta firma ya contaba con sucursales en el interior, una Casa Matriz en Capital y hasta un escritorio representativo en la ciudad de Paris. Este inicio lo tiene a Gerardo Soberon y Juan Pablo Ruiz al frente, secundado por 12 empleados al servicio del cliente. Ya en la década del ‘30 anexa la parte de zapatería y sobre el final de la misma cambia su nombre a La Pampa Funcional.
El comercio empieza a obtener buenos resultados económicamente y el inquietante espíritu de sus dueños hace posible que el local se traslade a la esquina en la cual la firma vivirá sus años dorados y desarrollara un vínculo con sus clientes, que quedara siempre grabado en el sentimiento de los pringlenses.
Mayo de 1940, Dorrego y San Martin, y bajo la dirección de Eligio Barreiro, es el momento y el lugar en que abre sus puertas el nuevo local.
En el año 1956 se hace cargo de la firma los hermanos Bamaman (también paralelamente abren otras sucursales en Córdoba, Santa fe, Azul bajo el nombre de La Liquidadora). Pero unos años antes, el año 1952 para ser más específico, y cuando Don José López Vargas se hace cargo del mismo, es donde el amplio y suntuoso edificio empiece a quedar grabado en nuestra memoria.
Este hermoso local contaba con un estilo moderno para la época, tenía dos puertas de acceso, una sobre calle San Martin, y la principal en la esquina haciendo cruz con el Arco Iris. (También tenía una tercera sobre Dorrego pegado a la Sociedad Italiana la cual pertenecía al depósito.) Cuando uno accedía al mismo, lo primero que lo impactaba era la gran variedad, cantidad y calidad de los productos a la venta, como así también su distribución y cuidada presentación de los mismos. Entrando por la esquina, a la izquierda, teníamos la parte de mercería y perfumería.
La recordada Colonia María Stuart y la Atkinson de un litro, era lo que más se vendía en esa época.
Muy cerca, la parte de Mujer con todo el último grito de la moda, como comentaban las publicidades de la época. Luego venia la parte de telas, muy buscado era el género para manteles vestidos, polleras, etc. En esa época la confección de ropa para uso propio, era muy común entre la gente.
Sobre la derecha, teníamos la sección Hombres, había desde ropa de campo hasta trajes, (la mayoría de la mercadería venia de Bs.As. siempre en camiones que las traían en cajas, es así que a la mayoría había que plancharla antes de sacarla a la venta) camisas Lavi Listo, Grafa, Pampero y los famosos gamulanes que se compraban en Tandil.
Al fondo los probadores, la Zapatería y la oficina, donde se hacían los créditos personales para que la gente pudiera pagar en cómodas cuotas. Más adelante también se agrego la venta de algunos comestibles y mueblería, pero el principal rubro siempre fue la tienda.
Los balances de la firma eran muy recordado por los empleados, ya que esta singular tarea los hacía quedarse hasta altas horas de la noche contando toda la mercadería que tenían y llevándola al papel tal como era todo en esa época.
Dentro de todas las personas que trabajaron en esta gran tienda vamos a destacar la tarea de Don José López Vargas, que realiza una importante innovación en carteleria y vidrieras, tarea que ejcuta eficientemente el señor Frapiccini (fotógrafo amateur gracias al cual podemos disfrutar de algunas de sus imágenes,) que era el encargado de armar las mismas, existían 8 aproximadamente, trabajo que se hacia todos los sábados o sábado por medio, y cada una de un rubro distinto.
López Vargas también es el creador de un día especial que con el correr de los años se ha transformado en un símbolo de identidad para nuestro pueblo. El famoso “Lunes loco de La Pampa”. Este día era muy esperado por nuestra comunidad, ya que la tienda ofrecía grandes descuentos a su clientela.
El ruido de las cadenas de los distintos locales a la mañana, levantando sus pesadas persianas, era opacado por el constante bullicio de la gente que se agolpaba en la puerta de local, bajo los toldos del mismo, esperando su apertura. Madres con niños, señores, abuelas… se apresuraban para llegar a los mostradores, y así poder concretar la compra, esto hizo que más de una vez halla habido pequeñas trifulcas entre la misma gente. La empresa para eso días, tomaba señoritas para ayudar, y también jóvenes, que eran los encargados de repartir los volantes en el radio céntrico (la famosa vuelta del perro) que ofrecían las ofertas.. Hasta el recordado Hugo Rubén Cereseto a bordo de su 4L amarillo, recorría los barrios anunciando por las bocinas este famoso acontecimiento.
Lo que sigue fue moneda corriente en esa época con las grandes tiendas, finales de los 70 principios de los 80 la aparición de las boutiques, el cambio de estilo de vida de las personas, y un traslado a un local más chico en la misma esquina donde la vio nacer, para que de a poco la Gran Tienda que fue algún día La Pampa cierre definitivamente sus puertas con la tristeza de no poder seguir siendo útil en lo cotidiano de los pringlenses, pero con la certeza de pasar a formar parte de la gran historia de este pueblo.