ENTRE RIOS
Sin alcohol ni tabaco en las calles: el singular estilo de vida de Libertador San Martín
Ubicada a 40 kilómetros al sur de Paraná, entre Crespo y Diamante, la ciudad de Libertador San Martín rompe con cualquier esquema de localidad argentina. Bautizada originalmente como Aldea Camarero, rebautizada popularmente como Puiggari por su estación de tren y denominada la "Colina de la Esperanza", esta comunidad de casi 9.500 habitantes ha forjado una identidad urbana y social modelada por los principios de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
En sus calles, la ausencia de vicios cotidianos no es una imposición forzada, sino una pauta cultural internalizada: las veredas lucen impecables, no hay colillas de cigarrillos arrojadas al suelo y la cartelería de la terminal de ómnibus recuerda con firmeza la vigencia de la Ley Provincial 9.862 de "Ciudad libre de humo". Si alguien percibe olor a tabaco en una esquina, los vecinos asumen de inmediato que proviene de algún forastero.
Comercios sin botellas y noches de mate
En la mayoría de los restaurantes y confiterías céntricas, las mesas no exhiben porrones de cerveza ni copas de vino: predominan las jarras de agua mineral, las gaseosas y los termos para el mate. En el casco urbano rige una estricta limitación que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas a menos de 200 metros de instituciones educativas o sanitarias. Si bien existen contados kioscos que expenden alcohol o una estación de servicio en las afueras sobre la Ruta Nacional 131, su consumo público es prácticamente nulo.
La noche tampoco replica el bullicio típico: no se escuchan motos con escapes modificados ni música estridente. Los fines de semana, los jóvenes colman la avenida 25 de Mayo para compartir helados y charlas en un clima de seguridad y absoluto silencio.
El reposo del sábado y una dieta diferencial
Cerca de la mitad de la población profesa la fe adventista, cuya liturgia establece el cese de actividades comerciales y laborales desde el atardecer del viernes hasta la puesta de sol del sábado. Durante ese lapso, la ciudad entra en una pausa casi total: los negocios cierran sus persianas y las familias caminan hacia alguno de los siete templos del distrito —incluido el templo universitario, con capacidad para 2.500 fieles—.
El cuidado del cuerpo como templo espiritual también define la gastronomía local. El vegetarianismo está sumamente arraigado: en el comedor universitario no se sirve carne y en la localidad proliferan fábricas de jugos naturales, pastas secas y alimentos saludables.
Un polo internacional de salud y formación
El corazón económico de Libertador San Martín descansa sobre tres pilares de renombre internacional:
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La Universidad Adventista del Plata (UAP): Alberga a más de 3.400 alumnos, entre ellos un millar de estudiantes extranjeros de más de 50 países que cursan carreras de teología, ciencias económicas y salud (medicina, enfermería y odontología).
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El Sanatorio Adventista del Plata: Centro de alta complejidad con 55 especialidades médicas que atiende cerca de mil consultas por día y recibe derivaciones de todo el país.
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El Centro Adventista de Vida Sana (CAVS): Complejo modelo enfocado en la desintoxicación, descenso de peso, cese del tabaquismo y reducción del estrés, frecuentado habitualmente por deportistas, empresarios y personalidades públicas.
Con una ocupación hotelera que promedia el 80% durante todo el año aun sin contar con playas ni circuitos serranos, Libertador San Martín se consolida como un enclave atípico en el mapa nacional: un rincón donde la calma, la pulcritud comunitaria y la vocación por el bienestar integral siguen rigiendo la vida cotidiana.