2023-02-15

CIUDAD

Nómades del Siglo XXI.

Desde hace unos días frente a la Escuela Nº 7 se ha montado una carpa, la carpa del Circo Splendor, espectáculo que nos visitó en el 2020, poco antes del inicio de la pandemia y que en este 2023 nuevamente ha llegado para traer alegría y diversión.

Pero esta nota no se centrará en el espectáculo que están ofreciendo (para eso hay que acercarse todas las noches a las 21 horas cuando comienzan su funciones) sino para conocer cómo es la vida de los que trabajan y viven en un circo.

 

Toda una vida en el circo.

En una agradable y cordial charla, El Orden conversó con Franco Gustavo Conde, conocido en el circo como Chimichanga, malabarista y presentador del Circo Splendor. Es importante destacar que Franco fue parte del espectáculo Re Circo, propuesta que se llevó a cabo en el Balneario Municipal enero de 2021 de la mano del artista circense Marco Paoletti.

Franco nos contó que “prácticamente toda mi vida ha transcurrido en el circo; pero en este circo hace cuatro años que estoy”.

Aseguró que la vida en el circo “es como muy nómade, creo que esa es la palabra justa porque nosotros nunca estamos en un solo lugar, siempre nos movemos de un lado para el otro, normalmente estamos 15 o 20 días un lugar” aunque aclaró que “en ciudades grandes podemos llegar a estar un mes”

Sin embargo, para Franco la vida en el circo “es como la vive cualquier persona en su casa” pero los que viven del arte circense lo hacen “con una casa rodante que se mueve para todos lados”.

Pero como a muchos nos ha pasado que, cuando visitamos un lugar o vamos una ciudad por cuestiones de trabajo que demandan unos días de estadía, nos gusta y queremos quedarnos. Esto también le ha pasado a Chimichanga: “Hay veces que sí y se me pone la piel de gallina al recordarlo porque hay ciudades y pueblos que te incitan a querer quedarte un poco más. Pero la verdad es que tenemos que movernos. Siempre gana la magia del circo porque cuando se desarmó la carpa se fue todo eso y ya no estamos en ese lugar”.

A nuestra pregunta de cómo vive cada función, cada vez que sale a la pista del circo, expresó que “particularmente yo no veo tanto a la gente. Yo veo bulto, no es que veo a personas en particular, pero es algo que me pasa a mí como artista. Hay muchos artistas que buscan un punto fijo, hay otros artistas que le gusta mirar a la gente; pero lo que se siente en cada función es inexplicable porque es una cosa que se siente dentro de uno y más cuando está todo lleno que escuchas muchísimos aplausos. Es algo como de otro mundo”.

 

Pasión por la carpa.

“Muchos de los que estamos en este circo no somos de familia de circo, pero aun así nos lleva la pasión de lo que es esto lo que es la carpa, lo que es el escenario, lo que son las luces, los aplausos de la gente”, explicó Franco para agregar que en el caso los artistas circenses “si querés formar una familia o una pareja siempre buscas a alguien que comparta un poquito la misma locura que tiene uno”.

En el caso de familias circenses con hijos en edad escolar, Franco dijo que la escolaridad “es normal, es como en cualquier lado los nenes van jardín, van a la escuela, por ahí quizás pierden algunos días en la semana porque cada 15 días nos trasladamos de una ciudad a otra, pero los chicos vienen con un pase donde las escuelas tienen la obligación de aceptarlos; y en las escuelas que no tiene cupos, se las manda a otra; pero normalmente en todos los lugares tienen la obligación de aceptarlos”.

 

Atrapado por el circo.

La vida de Franco desde chico fue atrapada por el circo. “Yo soy hiperactivo desde chico y desde chico me gustó muchísimo lo que es lo que es todo este movimiento porque conocí mucha gente que hacía esto desde muy chico. El circo es una cosa que te atrapa. A mí me pasó que me atrapó, es como que fue una cosa de otro mundo que me llevó a recorrer Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia.

 

La pandemia.

En lo laboral bien sabemos que la pandemia del Covid 19 afectó a muchísimos rubros, como el caso de la actividad circense. Como dijimos al inicio de esta nota, el Circo Splendor pasó por Pringles siendo una de las últimas ciudades donde pudieron armar la carpa. “Después que estuvimos acá en el 2020, nos fuimos a Laprida y de allí a Benito Juárez donde nos agarra la pandemia”, recuerda Franco.

Al igual que para muchos “para nosotros la pandemia fue un antes y un después porque nos marcó muchísimo, nos hizo reinventarnos ya no se podía salir a hacer un evento con 10, 100 personas, no podíamos juntarnos en un lugar a ensayar o practicar o lo que fuese. Nos cambió y nos hizo reinventarnos en un montón de otras cosas”, comentó Chimichanga.

En ese “reinventarnos nosotros tuvimos la suerte de abrir un local de comidas en Benito Juárez y con eso nos mantuvimos durante la pandemia. A pesar de todo lo pasamos muy bien. Nosotros no podemos decir que la pasamos mal”.

 

El circo y la ruta son mi vida.

“Y volver después de tener la carpa guardada, sin poder armarla fue muy lindo, salir y encontrarse con la gente que también tenía necesidad de salir. Eso lo vimos mucho. Fue una emoción muy linda. Y para mí mucho más porque el circo y la ruta son mi vida, son las dos cosas que me impulsan a seguir. No puedo estar en un lugar quieto. Conozco la calle desde los 16 años”.

A pesar de esta vida nómade, como Franco la describe, tiene su familia en Trenque Lauquen, su ciudad natal. Allí también tiene una casa que “gracias a Dios pude armar algo lindo que está ahí para cuando quiera volver”.

Franco no ve su retiro de las pistas en un circo en Argentina, él se imagina que puede ser “España o en otro lado” pero sí sabe que cuando llegue ese momento “tendré mi lugar armado ahí, en Trenque Lauquen” porque “uno siempre vuelve a su tierra”.

Chimichanga se despidió con un “gracias a todos los habitantes de Pringles por el recibimiento que tuvimos. Fue una emoción muy grande como nos trataron la primera vez que nosotros vivimos y cómo nos recibieron de nuevo ahora. Fue muy fuente”.

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