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Malvinas: el Congreso escuchará a excombatientes del TOAS
Será el próximo 30 de marzo donde estará presente Gustavo Fernández. El presidente de Once Corazones fue soldado y participó del combate en la provincia de San Cruz. En declaraciones a La Voz del Pueblo repasó brevemente su dura experiencia y valoró la oportunidad que tiene, junto a sus compañeros de entonces, de ganar la batalla del olvido
Para el indiorricense Gustavo Fernández, la guerra de Malvinas no terminó el 14 de junio de 1982. Su vínculo personal con el conflicto se extiende hasta el día de hoy pero tapado por un pesado manto de silencio de casi cuatro décadas.
Este próximo 30 de marzo, el ex soldado clase 62 y hoy veterinario, participará por primera vez de una experiencia que le permitirá a él y sus “camaradas” contar su experiencia en la guerra, que también se dio en el litoral marítimo patagónico.
Para ello las puertas del Congreso de la Nación se abrirán para que los combatientes del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS) expongan su verdad.
Fueron miles los soldados que integraron el comando estratégico creado para defender las islas, Georgias, Sandwich del Sur y el espacio marítimo y aéreo adyacente, durante el conflicto con Gran Bretaña.
Borrados de la historia
En declaraciones hechas este lunes a La Voz del Pueblo, Fernández recordó cómo fue el recurso legal que se utilizó para dejarlos en las sombras. Primero aclaró que originalmente, bajo la ley 22.674 del gobierno militar, todos los que estuvieron en el TOAS eran considerados veteranos de guerra.
Sin embargo el decreto reglamentario 509/88, surgido en el contexto del levantamiento “carapintada” de Semana Santa en 1987, les cambió la realidad.
“Por una cuestión presupuestaria nos sacaron literalmente”, explicó el también dirigente de Once Corazones de Indio Rico, al señalar que a pesar de estar bajo órdenes operacionales en una zona de conflicto, perdieron el reconocimiento oficial y sus beneficios.
Fuego en la costa
Confió a este diario que su experiencia en el continente durante los días de guerra no fue pacífica. Formaba parte de “la logística en Puerto Santa Cruz, abasteciendo al Regimiento de Tanques 11”, en una zona donde el peligro de “incursiones inglesas era una amenaza constante”.
Relató haber participado en aperturas de fuego contra naves inglesas detectadas por los aviones Pucará, en momentos donde “las balas trazantes cruzaban el cielo y nos pasaban por arriba de la cabeza”.
Sin embargo explicó que el trauma fue tan profundo que su mente activó “el olivo como mecanismo de autodefensa”.
Durante años bloqueó los momentos más fuertes que le tocó vivir. Pero fue recién al reencontrarse con las cartas de puño y letra que le había enviado a su madre desde (Comandante) Luis Piedra Buena cuando la memoria regresó con una claridad “choqueante”.
Reapareció el frío extremo de “hasta 24 grados bajo cero”, el alerta roja permanente y aquella “guardia brava” a la vera del río Santa Cruz, “con balas en recámara, escuchando pasos y voces extrañas en la oscuridad”.
Vinculado a esto último mencionó un episodio que roza lo sobrenatural. Años después, al visitar el regimiento donde estuvo apostado, una oficial le confirmó que en ese mismo lugar “todavía hoy” se escuchan los pasos y voces que él recordaba de aquella noche eterna de 1982.
Buscando la verdad
El encuentro en el Congreso del próximo 30 de marzo no es solo un reclamo económico; es una lucha por la dignidad y la verdad histórica. Fernández destacó que cuentan con el apoyo de más de 80 legisladores y que ese día presentarán documentación oficial, diarios de guerra desclasificados y fallos judiciales que avalan su participación bélica, y la de sus compañeros de entonces.
Incluso subrayó un dato revelador al contar que durante esa jornada participará un excombatiente ingles que reconocerá la labor de los soldados argentinos que defendieron al país desde el litoral marítimo patagónico.
Según contó, incluso hay soldados británicos que mantienen un vínculo con excombatientes argentinos y que “dejaron sus medallas en caución -en Inglaterra- hasta que sus pares argentinos del continente sean reconocidos”, evidenciando en ese gesto cómo una nación reconoce a sus soldados, y la otra no.
Especialmente aclaró que para él -que pudo terminar su carrera como veterinario y reconstruir su vida- esta lucha es por los que no pudieron “bloquear” el daño y sufrieron las peores consecuencias durante todos estos años.
“Si a mí me mandaron, si me obligaron a ir, lo que me corresponde que me lo den”, dijo con la firmeza de quien sabe que el 30 de marzo no van a pedir una gauchada, sino el cierre de un ciclo de olvido que lleva treinta y nueve años.
Fuente La Voz del Pueblo
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