2020-11-10

LA FURIA DE LA NATURALEZA

Las ruinas de Villa Epecuén a 35 años de su inundación

El 10 de noviembre de 1985, esta villa turística del sur bonaerense fue destruida por la crecida del lago homónimo. Con el tiempo, sus restos quedaron al descubierto y comenzaron a atraer a los viajeros, al emerger de las aguas con el tiempo. La historia de esta ciudad aristocrática que el agua se llevó.

 


Durante décadas, Villa Epecuén fue un pequeño pueblo construido en la orilla de un lago salino del sur de la provincia de Buenos Aires, al que acudían miles de personas cada año, para disfrutar de las condiciones excepcionales de la laguna y sus beneficios para la salud. Era un lugar de esparcimiento, donde todo iba bien. Hasta que dejó de ser. De la noche a la mañana el pueblo empezó a inundarse y acabó hundido bajo las aguas del lago a la orilla del que fue construido. Permaneció sumergido un cuarto de siglo, para volver a ver la luz del sol, emergiendo de las aguas.

Los orígenes de Villa Epecuén, se remontan a la década de los años veinte.
Las propiedades salutíferas del lago que le dio nombre, se hicieron populares entre las clases acomodadas porteñas y bonaerenses, y se construyeron a la orilla del lago decenas de hotelitos y balnearios que llegaron a sumar hasta siete mil plazas hoteleras, en un pueblo que nunca superó los mil quinientos habitantes permanentes.

 

 

El Lago Epecuén era famoso por su salinidad, hasta diez veces superior a la del mar..
La ubicación de la pequeña villa vacacional, fue la que acabó provocando su desgraciado final.
El lago Epecuén es el último de una cadena de lagunas denominada Sistema de las Encadenadas del Oeste, refiriéndose esta última palabra a la zona occidental de la Provincia de Buenos Aires. Al ser la última de las lagunas, recibe las aportaciones hídricas de todas las demás, además de un par de arroyos, lo que hace que el nivel de sus aguas oscile mucho, y pueda aumentar peligrosamente.
Para regular el volumen de agua en las lagunas, se construyeron una serie de canales y comunicaciones que permitían almacenar el agua de los periodos ricos en lluvias durante los periodos secos y transferir agua de una parte a otra del sistema para evitar inundaciones. Pero a partir de 1976 dejaron de realizarse obras de mantenimiento y mejora, lo que supuso el crecimiento de la laguna Epecuén alrededor de medio metro cada año.
Una serie de diques para situaciones de emergencia fueron construidos para evitarlo, pero cuando en 1985 se sucedieron las lluvias torrenciales, todo fue insuficiente para salvar Villa Epecuén.

Durante el año 1985 las lluvias habían dejado el sistema a punto de desbordarse. Una sudestada (lluvias torrenciales, producidas por un cambio en la dirección de los vientos), provocó la rotura y el desborde del dique de tres metros y medio de alto que protegía la ciudad, y fue el principio del fin de la turística localidad.

 

El agua de la laguna empezó a invadir el pueblo a razón de un centímetro por hora. A la semana ya había metro y medio de agua en las calles de Villa Epecuén, que para entonces ya había sido condenada. Sus habitantes ya habían sido evacuados a la población más cercana, Carhué, situada a doce kilómetros de allí, y vieron como poco a poco la laguna se tragaba sus casas y sus sueños.

En apenas dos semanas el pueblo estaba casi completamente inhabitable. Dos metros de agua habían convertido sus calles en canales y dejaban cada vez menos a la vista.
El nivel del agua siguió aumentando lentamente, hasta que en 1987 todo el pueblo estaba sumergido bajo cinco metros de agua y apenas sobresalían de la laguna la torre de la iglesia y algún que otro tejado. Hacia 1993 ya eran diez los metros de agua salina los que cubrían casi todo el pueblo

Con los años, llegó una época más seca y las aguas de la laguna comenzaron lentamente a descender.
La retirada lenta, pero incesante de la laguna ,descubrió poco a poco las ruinas de la ciudad, los hoteles, los comercios, las viviendas, un imponente castillo, y las industrias que habían funcionado en el lugar, comidas por el salitre, tras un cuarto de siglo sumergido.
Las sobrecogedoras ruinas se convirtieron de nuevo en destino turístico, pero en esta ocasión, de exploradores urbanos y amantes de las ciudades fantasmas.
Y si bien desde hace un tiempo puede recorrerse, Villa Epecuén permanece deshabitada, actualmente no es posible viajar debido al aislamiento obligatorio impuesto para frenar el avance del coronavirus.. Actualmente la ciudad dispone de varios circuitos turísticos que reviven aquella época de esplendor: El Matadero, Ruinas de Villa Epecuén, Playas sustentables, Spa termales y el Museo Regional de Adolfo Alsina.
Pese a que las ruinas son algo triste, han generado un atractivo único, no existe un pueblo que haya sufrido un cataclismo así y en el que tiempo después se pueda transitar por sus calles.

REVISTA LAGUNAS 

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