El rol de la responsabilidad y la solidaridad frente al Covid-19
EDITORIAL

El rol de la responsabilidad y la solidaridad frente al Covid-19

26/03/2020
L

o más difícil es hacer entender a la población la urgencia de asegurar el control del riesgo para la sociedad.

 


"La paranoia y el miedo no son, ni serán el modo. De esta saldremos juntos poniendo codo con codo", dice un cantautor. Este mensaje sencillo y profundo nos transmitió el músico y médico uruguayo Jorge Drexler, luego de haber cancelado un concierto en Costa Rica, a raíz de las medidas tomadas por las autoridades para controlar el impacto de la, ahora, declarada pandemia ocasionada por el Covid-19.
Sabemos que esa simple palabra pandemia es, por naturaleza, generadora de temor, stress y preocupación. Esa es la razón por la cual una declaración de pandemia es siempre una medida extrema, que se toma cuando el riesgo de contagio mundial adquiere una velocidad amenazante y difícil de controlar. Es lo que ocurrió y las cifras así lo demuestran.
En los últimos días, a esta palabra se sumaron : Responsabilidad y Solidaridad, expresadas continuamente por el Jefe Comunal pringlense, Lisandro Matzkin y el Secretario de Salud, Dr. Esteban Berruet, por la emergencia sanitaria vigente. Una emergencia sanitaria que es todo un desafío, no solo para el Estado municipal, sino también para la solidaridad social.
El combate al Covid-19 abre debates sobre los recursos públicos, los límites a las libertades y la responsabilidad de los individuos ante la crisis
Lo cierto es que la prevención de la enfermedad no depende sólo de lo que haga el Estado: el acompañamiento de la sociedad civil es decisivo. Está claro: ningún gobierno puede poner un policía en cada puerta para controlar que las personas cumplan el aislamiento.

Hasta la fecha aprendimos que en general hay dos semanas entre la llegada del virus y el momento en que se disparan muchos más casos de manera exponencial.
Tomar medidas rápidas en esta ventana de tiempo, como lo estamos haciendo, puede cambiar esta curva a algo más plana y lenta, si está bien hecho. Eso puede evitar un desborde del sistema de salud y además comprar más tiempo para el desarrollo de mejores tratamientos y vacunas. Esa es la cuestión.

Situaciones como las que atravesamos, tienen la capacidad de poner en evidencia lo mejor y lo peor de la condición humana.
No hay salidas individuales, sino responsabilidad y solidaridad social. Botón de muestra, el que vacía las góndolas del supermercado, barriendo con las existencias de jabón o alcohol, sólo por las dudas, debería pensar que el jabón y el alcohol que lleva de más es el que le faltará a otro que también debe lavarse las manos, para no contagiar ni contagiarse.
Está el otro, el que vuelve de un viaje y está obligado a cumplir la cuarentena debe hacerlo, inexorablemente, por él y por nosotros. Sin embargo, ejemplos a la inversa sobran, como el del vecino de Olivos que agredió a trompadas al guardia del edificio que quiso evitar que saliera a la calle y violara la restricción después de haber regresado de Estados Unidos, o la profesional que fue al médico con su hija en estado febril importante y sólo al final de la consulta avisó que apenas días atrás habían estado de vacaciones en uno de los países considerados de riesgo. Esa actitud, hizo que hoy Chaco tenga cuatro personas fallecidas y nueve infectados por la profesional médica, que ya tiene una causa penal por propagar el virus.

Todas estas conductas, negligentes, irresponsables, egoístas, no sólo contribuyen a propagar la epidemia sino que generan desconfianza, alimentan el temor, favorecen las estigmatizaciones y rompen con un contrato social tácito que debería volverse explícito: más temprano que tarde, cualquiera de nosotros puede ser ese otro al que no cuidamos.

Sabemos que en momentos de crisis el ser humano puede mostrar sus mejores y peores cualidades. El éxito de las medidas que se tomen dependerá de nuestra capacidad para aceptarlas e implementarlas.
Esta pandemia pone a prueba nuestra disciplina, nuestra responsabilidad social y por sobre todo nuestra capacidad de ser solidarios. Si no podemos comportarnos de esa forma, "si no somos capaces de vivir enteramente como personas -como decía Saramago en su brillante libro Ensayo Sobre la Ceguera-, al menos hagamos todo lo posible para no comportarnos como animales".

Ser responsable, ser solidario, ser persona, significa cumplir con las medidas de autoprotección que se recomiendan. La mayoría de esas medidas son sencillas y van desde un lavado de manos riguroso, hasta el autoaislamiento temporal.

Ser solidario y responsable también significa no hacer circular información especulativa o dudosa. Debemos recordar que la preocupación contamina más rápido que un virus. Hay que basarse en las evidencias y en los conocimientos, y no en las especulaciones populistas o en las informaciones basadas en los "hechos alternativos".
No hay que correr de manera histérica a un centro de urgencia médica porque creemos tener síntomas que en realidad corresponden a un simple resfrío. Tu presencia allí me expone a ser contaminado. Además sobrecarga un sistema de salud que debe estar preparado para atender a los más necesitados y vulnerables.
Impedir que los sistemas de salud colapsen es fundamental, lo mismo que hacer todo lo posible para que la cadena de abastecimiento de productos básicos no entre en desabastecimiento. Todo esto es ser responsable del funcionamiento de la sociedad.
También la responsabilidad y solidaridad le caben a aquellos comercios que están remarcando en forma sideral los precios; aumentan los productos de la canasta familiar en más de un cien por ciento, aprovechándose de la situación y en perjuicio del consumidor.
Esta crisis sanitaria pone a prueba nuestros valores y nos da una oportunidad para mostrar que la solidaridad es más potente que el individualismo y el egoísmo, ambos contaminantes frecuentes de nuestra existencia en las últimas décadas.
De esta y como lo expresan nuestras autoridades municipales, nacionales y provinciales, saldremos juntos poniendo codo con codo.

Necesitamos ser agentes de serenidad y prudencia para ayudar donde cada uno de nosotros está, que circule la información correcta y que nuestros comportamientos sean signos de prudentes cuidados comunitarios.
De nada sirven noticias falsas, alarmistas o interpretaciones erróneas. Tampoco suma la indiferencia, el descrédito o la minimización.

El compromiso es no tratar de 'zafar' de las normas, que sí o sí, tenemos que cumplir, no solo para auto preservarnos, sino para no pasar la enfermedad a otros.
Esa actitud, es la que llamamos Responsabilidad y Solidaridad, que no son meras palabras o buenos deseos de nuestras autoridades. Son simplemente acciones que Salvan Vidas.
EL ORDEN

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