Saludo de Navidad P. Pedro Fournau,

"Pidamos la paz de Jesús, pidamos renunciar a tanta violencia que nos lastima, nos divide, y nos mata"

24/12/2020
Q

ueridos vecinos y hermanos de la comunidad de Pringles: Aprovecho la cercanía de la fiesta de la Navidad para saludarlos y desearles que llegue cada uno de ustedes, a cada hogar, el gozo que sintieron los pastores cuando, en la noche y a la intemperie, escucharon aquel anuncio: "No tengan miedo, porque les traigo una buena notica, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor" (Lc 2,10.11). ¡Ese "hoy" que resonó en las afueras de Belén es también nuestro hoy! ¡Esa noche-oscuridad que se vio iluminada por la luz de Belén, la luz de Jesús luz del mundo, es también nuestro mundo, nuestra realidad, que espera ser iluminada!
Confío en que coincidiremos al decir que este año "la noche se nos vino encima". Nos sorprendió la enfermedad, el temor, la quietud, y la incertidumbre. Y así hemos comprendido que estábamos "en la misma", atravesados y atravesando "lo mismo" aunque no de la misma manera (como siempre, los más indefensos son los que más sufren): "Nos dimos cuenta -ha dicho el papa Francisco- que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamado a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos" (Francisco, 27 de marzo de 2020). La experiencia de atravesar juntos un mismo dolor, una misma preocupación, nos puede ayudar a renovar la conciencia de ser depositarios de una vocación fraterna universal que se halla grabada indeleblemente en el corazón de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Todos estamos unidos, nadie se salva solo.
En algunas horas vamos a celebrar en nuestras casas la Navidad, que es un nacimiento capaz de provocar el "reinicio", el recomienzo mayor de la historia. Con este nacimiento silencioso y escondido, que tan desapercibido pasó para muchos como lo pasa hoy para tantos, empiezan a ser vencido el mal y la muerte. La paz pequeña de Belén, como débil luz, comienza a doblegar a la violencia y a disipar la oscuridad de la angustia. Pidamos la paz de Jesús, pidamos renunciar a tanta violencia que nos lastima, nos divide, y nos mata (la muerte violenta es más odiosa cuando mata a los jóvenes). En Navidad celebramos que Dios se ha hecho carne de nuestra carne, se ha hecho nuestro hermano para desde Belén comenzar a brillar como luz inextinguible de esperanza: Jesús nace para ser nuestro hermano, para que siendo hijos de un mismo Padre eterno podamos vivir cada vez más como hermanos. ¡Ese es el mensaje de Belén, eso es lo que tanto necesitamos!: ser hermanos, recuperar la fraternidad; vivir en amistad entre nosotros y hacer presente la paz que es fruto de la justicia y la reconciliación. Si no hay fraternidad, si no nos hacemos hermanos, la igualdad y la libertad son meras quimeras, o fantasías de unos pocos.
Les deseo que esta noche cada hogar de esta pueblo sea como el pesebre: sencillo y humilde, abierto a recibir al forastero, y dispuesto a hacer lugar a la luz (no de luces fugaces, de brillos y ruidos del mundo) de Aquel que es la luz del mundo y nos trae la paz. Y así podamos mirarnos con ojos nuevos, descubrirnos muy amados por Dios en Cristo, y reconocernos hermanos unos de otros.
P. Pedro Fournau,. 23 de diciembre de 2020.

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