SOCIEDAD
Sobrevivió al ataque al Crucero Belgrano: “salvé mi vida de casualidad”
Jorge Antonio Páez, veterano de Malvinas, estará brindando charlas este viernes en nuestra ciudad, en dos escuelas. Contó en FM Ciudad 89.5, cómo se salvó del ataque de los dos torpedos que hundieron el ARA Gral. Belgrano
Una muy linda nota, emocionante nota, realizó María Rosa Luna en La Voz del Orden. Charló con Jorge Antonio Páez, veterano de Malvinas, quien se encontraba a bordo del Crucero ARA General Belgrano cuando lo hundieron, aquella tarde del 2 de mayo de 1982.

Hoy Jorge es presidente de la Asociación Ultima Tripulación del Crucero ARA General Belgrano, y llega a Pringles para dar su testimonio.
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A través del contacto con Cristian Kurtz y Karina Lagleyze de La Paloma, Jorge estará dando una charla este viernes en la Escuela 22 a las 9.30 horas; luego hará dos charlas en la Escuela 2, una a las 11 y otra a las 13 horas; para luego trasladarse a Indio Rico.
Contó, entre otras cosas, que recuerda muy bien a Aroldo de cuando hacían guardia en cubierta exteriores, y que si bien el primer contacto con Pringles fue institucional, conoció luego a Juan Mudrovcic y Jorge Pennini, compañeros de Aroldo, con quienes generó un enlace, al igual que con la gente de La Paloma, todos mancomunados para mantener la historia viva del Crucero.
El 2 de mayo de 1982, de 1093 tripulantes, 323 fallecieron. Sobre ese día, habló en FM Ciudad.
“Salvé mi vida de casualidad. Habíamos estado navegando hacia el este, íbamos a hacer ataque con el portaviones, pero como no había viento suficiente para que los aviones despeguen, se aborto la misión y se recibe orden de volver al continente”.
El submarino Conqueror perseguía al Belgrano, y el 2 de mayo a las 4 de la tarde, impactan dos torpedos en el Crucero.

“Minutos antes había estado durmiendo, soñando con mi hermana mas chica, y eso me hizo despertar. Me levanto porque tenía que tomar guardia, porque la noche anterior estuvimos despiertos por causa de combate, y fui a ver si había agua en el baño. Como ya no había, no pude afeitarme, vuelvo al dormitorio, y después me encuentro en el comedor para la merienda con otro compañero”.
Cuenta Jorge que al estar desabrigado, le dijo a su compañero de ir a merendar a otro comedor, más pequeño, para no tener tanto frio. Y eso fue lo que le salvó la vida.
“Cruzamos la puerta, y la parte más grande cuando entró el torpedo, se llenó de fuego, sentimos la explosión, se apagó la luz, y el agua nos llegaba a los tobillos. Se cae mi compañero y no lo pude alzar, había mucha gente saliendo, mucha gente quemada” relata.
“Bajé a la balsa, ahí el segundo torpedo había cortado 15 metros de proa. Sentía un cosquilleo en los pies, y pensaba que podía volar el buque en cualquier momento. Empezamos a hacer maniobras para salir al exterior, tiramos la balsa al agua, luego de eso fuimos subiendo al techo, y caigo arriba de la balsa”.
Cuando se lanza a la balsa, van saltando más personas que caen encima de él, a tal punto que queda en posición de caer al agua y ahogarse.
“La mitad de mi cuerpo queda para el lado del agua, y caigo. Había olas de 5-6 metros, subía, bajaba, pedía que me ayuden, estiraba la mano. Pero fue por la mano de Dios que una ola me llevó a la escotilla de una balsa y un compañero me subió” agrega.
Se pudieron alejar por el mismo oleaje, y permanecieron 25 horas arriba de la balsa.
“El hundimiento del buque fue tan noble que no arrastró ninguna balsa. Y una vez que se hundió, hubo dos explosiones muy grandes. En la balsa se rezó, y hablábamos mucho” recuerda.
“CADA UNO VIVIÓ SU GUERRA DE ACUERDO A SU PUESTO DE COMBATE”
Jorge inició su carrera naval a los 16 años, ya había estado en otro buque antes de llegar al Crucero, y luego de un año y medio de estar en el Belgrano, a sus 21 años, pudo salvar su vida en el ataque.
“No me costó salir a pesar que estaba a oscuras porque lo conocía al buque –reconoce-. Son muy diferente las situaciones vividas (de los Veteranos) de acuerdo al lugar donde hayan estado, cada uno vivió su guerra de acuerdo a su puesto de combate”.
Dijo que en la Armada se dan clases y hasta el conscripto más moderno tenía su especialidad: “en ese aspecto, se profesionaliza al más novato de sus soldados”.
Hoy, los Veteranos de Malvinas se sienten reconocidos: “en las nuevas generaciones vemos que somos reconocidos, y de nada valdrían las medallas en el pecho si no tenemos el cariño del pueblo”.
Sobre algunos que aprovechan la situación para vender artículos, indicó: “los que venden cosas son falsos veteranos o gente que aprovecha para hacerse una moneda. Las miserias humanas existen; nosotros hoy estamos reconocidos por el pueblo y tenemos pensión nacional y provincial, y no necesitas de otro dinero para vivir”.
Sobre la recuperación de las Islas Malvinas, expresó: “la parte diplomática es la única forma para recuperar nuestras islas. La esperanza esta puesta y tenemos que confiar en nuestros representantes. Es la única manera, la guerra dejó muchas secuelas en cuerpo y mente de los veteranos y familiares, otro conflicto bélico no es bueno que haya”.
ROGELIO GÓMEZ – EL ORDEN
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