CIUDAD
“Lo que comenzó como un hobbie, terminó siendo mi trabajo”
Ariez Fresch, graffitero y muralista, realizó un nuevo mural en nuestra ciudad y conversó con El Orden.
El pasado sábado, la Escuela Municipal de Música, organizó su primer evento del año y lo hizo a través de lo que llamó “Graffiti y Música en vivo”, donde Ariez Fresch pintó un nuevo mural en la Escuela. Recordemos que este espacio cuenta con dos trabajos de Ariez realizados en otras visitas a Pringles, además del que se encuentra en el escenario del Balneario Municipal y en el Galpón de cultura Joven en la Estación Roca.

A moda de introducción, el graffiti es un modo de pintura o arte visual callejero, que comenzó de manera ilegal (en algunos lugares sigue esta línea) para expresar, comunicar o denunciar lo que está mal. Asimismo historiadores aseguran que el término graffiti fue el nombre dado a las inscripciones satíricas en espacios públicos hechas durante el Imperio Romano, conocidas como graffito, y que son su más remoto antecedente.

Sin embargo, el término comenzó a popularizarse a partir de su incorporación a la cultura callejera estadounidense, como los movimientos del hip-hop y distintas tribus urbanas, que empleaban el graffiti como forma de expresión.
El caso de Ariez Fresch y su incursión en este arte callejero tiene una similitud con lo expresado anteriormente. Ariez tiene una escuela de danza, de temática de breakdance, en un centro cultural de Bahía Blanca. “Yo empecé bailando, así conocí el hip hop, después empecé a rapear, a pintar. Siempre digo pintar fue lo último. Y lo que empezó como terminó, por las vueltas de la vida, siendo mi trabajo”, aseguró a El Orden.
Graffitear y pintar murales es algo que viene realizando desde hace 15 años, tiempo en el cual ha realizado muchos trabajos. Si se le pregunta cuántos lleva su respuesta es “me lo pregunto siempre, pero no te podría decir. Ya hoy perdí la cuenta. Yo pinto hace unos 15 años, pero hace seis que estoy trabajando de esto y la verdad en estos seis años hay muchos, ni fotos tengo. Algunos son un cartelito o un detalle, otro volver y retocar algo. Honestamente, perdí la cuenta”, asegura Ariez.

Sin embargo hay uno que sí lo recuerda muy bien, y lo considera uno de los dibujos que más le gusta. “En mi local, donde tengo la escuela de danza hay muchos. Pero de los trabajos que hice el que más me gusta es uno Mohamed Ali, que pinté gigante en un gimnasio. Siento que ese es un mural muy grande, es en blanco y negro. De hecho, siempre subo fotos de ese mural porque, la verdad, es para recordarlo”.
Además del graffiti y del muralismo, Ariez también incursiona en el mundo de la música. Recientemente, el pasado 11 de abril, presentó en YouTube su último disco de rap, material que grabó con Seed, “un compañero graffitero de toda la vida de Bahía Blanca. Los dos salimos del underground, pintando nuestro nombre en la calle. Ya hemos trabajado muchas veces juntos. Siempre que necesito una mano puedo contar con él porque sé maneja las latas también”.
Para Seed y Ariez hoy el graffiti ha cambiado bastante el paradigma, se lo ve de buena manera, no tanto como una herramienta cultural de protesta. “Se lo utiliza mucho en los bares y centros culturales; la gente ha tomado otra visión del graffiti, aunque sigue estando como medio de protesta. Es la voz de la calle”, asegura Seed.

“Yo creo que el graffiti siempre fue un arte”, agregó Ariez. “Empezó en los años ’70 a este nivel, de ir a la calle a hacer algo, de escribir un mensaje político a ser una obra de arte. Es una cultura joven que fue evolucionando. Artistas que hace unos años estaban pintando en la calle, como nosotros, hoy son valorados a nivel mundial.
Sus dibujos pueden verse en varias ciudades como Bahía Blanca, Ascazubi, Buenos Aires, Sierra de la Ventana, Santo Rosa, Uruguay; porque más allá de que lo contraten para realizar algún mural, “cuando viajamos a algún lugar a tocar con la banda de rap, siempre llevamos aerosoles para dejar nuestra marca; y el mate, las dos cosas nos acompañan siempre”, dijo Ariez Fresch.
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