La Historia de una foto…
El protagonista de la imagen más icónica de Pringles
Se llamaba Ramón Molina, y en 1938, en un descanso, teniendo a su espalda el incipiente edificio municipal, prendió un cigarrillo y el fotógrafo disparó. Esa foto es la que acompaña la nota, y que tanta sensación causó cuando se publicó en nuestra página web. Su familia contó la historia.

A veces es inimaginable el valor histórico, aparte del sentimental que ya de por si tiene, el que pueda llegar a tener una fotografía guardada en una valija, un cajón, o el vidrio del aparador. Sobre todo, en pueblos como el nuestro, dónde el avance tecnológico, siempre es más pausado que en las grandes urbes, y donde capturar un momento, y ser capturado a través de una lente, en las primeras décadas del siglo pasado, era solo para unos pocos.
Realizar una fotografía ayuda a construir la memoria colectiva de una sociedad, un testimonio visual y gráfico que ayuda a entender las costumbres de una época.
A su vez los registros de momentos y expresiones de una persona, transmiten sentimientos, los seres queridos que ya no están y el paso de los años va borrando su recuerdo que siempre regresa con una fotografía.
Las personas que están lejos las sentís cercanas con las fotos, y a su vez te transportan a esa época y lugar.
Esta nota no va a hablar solamente de la historia de esta foto, sino también de lo que existe, porque siempre, detrás de una foto hay una historia.

Corría el año 1997, cuando se organiza un concurso sobre antiguas fotos de nuestra ciudad.
Graciela Welsch está casada con Jorge Molina, estando con su suegra una tarde mirando recuerdos, encontró entre las pertenecías una curiosa e inédita foto de su suegro durante la construcción de nuestro Palacio Municipal.
La imagen fue presentada y obtuvo una mención especial. Luego pasó a ser parte de nuestro archivo histórico municipal y allí quedó guardada como un registro más.
Hasta allí la historia de la foto, pero también hay otra historia detrás de ella…
Ramon Molina, nunca pensó aquel día del año 1938, que su imagen quedaría perpetuada en la historia de todos los pringlenses.
Ese día tomó un descanso, se prendió un cigarrillo, su porte imponía presencia, al igual que el incipiente palacio municipal, acomodó su pie en el borde de lo que sería la icónica fuente de la plaza, y el fotógrafo disparó. Quien tomó la foto y quienes lo acompañan a su derecha hasta ahora, es una incógnita, no así la vida de Molina.
Ramón nació en la vecina localidad de General Lamadrid, el 31 de Mayo de 1907, en un rancho de adobe, en el medio del Centro como le gustaba decir.
De chico se vino a vivir a Pringles, a una casita de calle Moreno al 1400, donde todavía vive parte de su familia.
Eran épocas de trabajos forzosos en un pueblo que recién empezaba a desarrollarse.
En 1935, nace su primer hijo, el primero de los diez que tendría con Teresa Caballeti, con quien se casó en 1945, y quien fuera compañera toda su vida.
En el Municipio ingresa a trabajar antes del comienzo de la monumental obra de Salamone.
Pocos empleados, que sabían desarrollar muchas tareas eficientemente, hacían prosperar al pueblo: recolector de residuos, el trabajo pesado en la tosquera cerca del cementerio, entre otras labores, era las que realizaba, pero hubo una fundamental, que siempre Teresa, su esposa, ya de grande recordaba. Ramon fue partícipe de la plantación de los primeros rosedales de la plaza.
Recordemos que en la década del '30, cuando el médico Manuel Antonio Fresco era Gobernador de la provincia de Buenos Aires, y Barberio Intendente de Coronel Pringles, es cuando se comienza con la obra de Francisco Salamone.
En lo que es particular a la plaza, se vendieron los ejemplares antiguos de plantas a los pobladores, mayormente eucaliptos y lo demás se desmontó, para comenzar con la construcción que se hizo todo al mismo tiempo: el palacio, fuentes, farolas, bancos, y toda la nueva vegetación de la plaza.
Formar parte de una de las obras más importante de nuestro distrito es lo que Ramón logró, y no solamente eso…. Llevar el pan a la casa fue una ardua tarea para Ramon y Teresa, siempre lo es para los que más le cuesta, pero la educación, y los valores trasmitidos, sumados al tesón y la fortaleza, tuvo su recompensa en la gran familia que formó.
Ramón falleció en el año 1986, ya jubilado desde hacia varios años, y luego de haber trabajado casi toda una vida, hoy nos ha dejado una gran historia y él ha pasado a formar parte de nuestra historia también.
Un poco de historia
Hasta 1938, la Municipalidad funcionaba en lo que hoy es Casa de Cultura. El 18 de octubre del mismo año, luego de 8 meses, se da por finalizado la construcción del actual Palacio Municipal.
Fue realizada durante el Gobierno de Manuel Fresco y la intendencia de Américo Barberio y por el ingeniero y arquitecto Francisco Salamone.
En las actas del Concejo Deliberante se dejó constancia que el 6 de Enero de 1937, llegan dos propuestas: una de la empresa Polledo Hnos. y Cía. y la otra de Sumbre y Cía. conjuntamente con la casa Hijos de Luis Constantini que serían estos últimos, los beneficiados finalmente de dicha licitación para la construcción, siguiendo los planos de Salamone.

El edificio se divide en dos grandes estructuras, una horizontal, el de base de 10.95 metros de alto; y otro vertical, la torre de 38.35 metros de altura. La superficie aproximada es de 1200 metros cuadrados.
La altura de la torre es superior a la de la Iglesia Santa Rosa de Lima, simbolizando la superioridad del Estado sobre la Iglesia. Además, la torre cuenta con un reloj, y mira hacia la Estación Roca tomando al ferrocarril como símbolo de progreso de la época
El 8 de julio de 1986, llega a manos del entonces Intendente Julio César Lozano (UCR), una carta del señor Aldo Pirola, y acérrimo defensor del Patrimonio Histórico-Cultural de nuestra ciudad. En la cual requería que se declare patrimonio cultural al área compuesta por el Palacio Municipal, la plaza Juan Pascual Pringles y las ramblas de la Avenida 25 de Mayo, entre calles Italia y Coronel Suárez. ya que conformaban a su entender un conjunto arquitectónico sumamente valioso.
El 19 de diciembre del mismo año el Concejo Deliberante, respondiendo a este pedido, lo declara monumento histórico y prohíbe toda supresión o reforma que pudiera afectar el valor cultural del complejo. Incluyendo que toda incorporación, ornamentación o tareas de embellecimiento, deberían ejecutarse respetando rigurosamente el estilo inicial del sector.
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