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Gabriel Molina: “No vendo la carne, se la regalo al que necesita”

“No vendo la carne, se la regalo al que necesita”, aseguró Gabriel Molina luego de un operativo policial en su vivienda. El alambrador y cazador defendió la legalidad de su actividad, denunció "doble vara" y lanzó una advertencia sin pelos en la lengua que ya es viral en las redes sociales.

19/08/2026
Gabriel Molina: “No vendo la carne, se la regalo al que necesita”

CORONEL PRINGLES. — Un habitual mediodía en la localidad bonaerense de Pringles se vio interrumpido por un insólito conflicto vecinal que llegó a la radio local, movilizó a las fuerzas policiales y requirió la intervención del área de Bromatología. La sospecha: una supuesta venta clandestina de carne de jabalí que un vecino tenía colgada en la puerta de su casa. Sin embargo, detrás del operativo se esconde una historia de supervivencia rural, costumbres tradicionales y una picante disputa vecinal que escaló rápidamente a la opinión pública.

Gabriel Molina, el vecino denunciado, recibió a los cronistas en su propiedad con absoluta tranquilidad, mientras la policía custodiaba el lugar a la espera de los inspectores sanitarios. Lejos de ocultarse, el "Nene" —como se define a sí mismo— defendió su derecho a procesar y consumir los animales que caza legalmente en su propio terreno.

 

"Todo legal": permisos, análisis sanitarios y el cuidado de los perros

Con la carne de jabalí aún colgada en la vereda de su vivienda, Molina explicó minuciosamente el procedimiento que realiza de forma rutinaria cada 15 días o "día por medio": “Agarro chancho jabalí, mando a analizar y voy a hacer chorizo como hice el otro día”. Según detalló, el destino de la carne es puramente doméstico: la elaboración de chacinados y pancetas para su propio consumo, para obsequiar a amigos o para retribuir a los propietarios rurales que le facilitan la entrada a sus establecimientos. “A los dueños de campo les llevo porque como me dan permiso, comen lo de la factura que yo hago”, comentó.

Frente a las acusaciones de comercio ilegal, el cazador fue tajante: “Si viene un vecino a comprarme carne acá, se la regalo. Al que realmente necesita, se la regalo. No la vendo”. No obstante, también defendió su derecho de propiedad con vehemencia: “Y si la quiero vender, la vendo, si es mía”.

Molina demostró contar con toda la documentación requerida para realizar la actividad. Explicó que posee la credencial de Legítimo Usuario de armas, la cual le permite transportarlas —enfundadas y desarmadas, tal como exige la ley— por todo el territorio nacional junto a su hijo. Además, aseguró contar con autorización por escrito de 40 campos de la zona y recordó que la caza de jabalí está plenamente habilitada en toda la provincia de Buenos Aires.

El cuidado de su equipo de caza también fue un punto clave en su descargo. Ante los cuestionamientos sobre los perros que utiliza para la actividad, mostró los chalecos protectores y detalló el estricto cuidado veterinario al que los somete: “Los perros míos no están lastimados, están gordos, están todos con veterinario, desparasitados y con remedio para las pulgas. Hay que tenerlos bien”.

 

La polémica respuesta que encendió las redes

Para Molina, el origen de la denuncia policial no es la preocupación por la salud pública, sino una profunda hostilidad vecinal que atribuye al resentimiento socioeconómico: “Siempre algún vecino que no tiene para comprar un huevo frito... Le da envidia y llama a la policía. El problema son los vecinos que denuncian que, como no pueden comprar medio kilo de carne, les molesta que uno tenga tanta carne”.

Cuando el cronista le advió que no es habitual transitar por el pueblo y observar reses colgadas en un patio, el cazador disparó con ironía: “No es habitual porque la gente, como tiene tanto hambre, no está acostumbrada a ver tanta carne. Ese es el problema, y por ahí la gente se asusta”.

Fue en ese momento de la entrevista cuando Molina lanzó las frases que convirtieron la nota en un fenómeno viral. Cansado de lo que considera una persecución injustificada, arremetió de forma directa contra los denunciantes:

“Yo le quisiera decir a todos esos vecinos que se dediquen a cuidar las mujeres de ellos, porque yo estoy soltero y por ahí ataco por el lado de las mujeres de ellos. Si no tienen otra cosa que hacer, me voy a empezar a dedicar a las mujeres de los vecinos que hablan”.

Lejos de retroceder, ante la repregunta de si temía que sus declaraciones provocaran represalias, Molina redobló la apuesta: “Que se enojen, lo arreglamos enseguida en el medio de la calle. No tengo ningún problema. Yo no me meto en las casas de ellos a ver qué es lo que hacen... o a avisarles qué hacen las señoras de ellos cuando ellos no están”.

 

Del rebusque diario a la crítica a la "doble vara" judicial

Al ser consultado sobre su sustento diario, Gabriel Molina pintó un retrato del "rebusque" y la multifuncionalidad en el interior bonaerense: “Soy alambrador, leñero. Hacemos pisos de tanques, colocamos bebidas, vendemos leña, juntamos nylon, nos dan los bolsones y los vendemos... De lo que se te ocurra, lo hacemos”.

La nota cerró con un duro descargo sobre la inseguridad y lo que percibe como una "doble vara" por parte de las autoridades y de la comunidad. Molina denunció que mientras se monta un operativo por un trozo de jabalí en un patio privado, los delitos graves en la zona rural quedan impunes.

“A esos tienen que agarrar, a los que andan robando. Como a los que le mataron el caballo a mi viejo y le sacaron dos cuartos. De eso no hay nada, no salió ninguna noticia ni denuncia”, comparó con indignación. Y concluyó de manera contundente: “O agarran a un pobre gaucho por ahí que viene con una vizcacha o alguna cosa y le arman un problemón bárbaro. Pero bueno, no es problema de la policía, la policía cumple con su trabajo. Es problema de los vecinos”.

Furor en las redes: la tribuna digital dictó su veredicto

La repercusión de la entrevista superó ampliamente los límites de Coronel Pringles. En cuestión de horas, la publicación original se convirtió en un verdadero fenómeno viral, acumulando más de 10.000 "Me Gusta", superando los 3.000 comentarios y siendo compartida más de 3.000 veces en redes sociales.

Para sorpresa de muchos, la inmensa mayoría de las interacciones se inclinó decididamente a favor de Gabriel Molina. Los usuarios de las distintas plataformas digitales no tardaron en coronar al cazador como un auténtico "héroe popular" del interior bonaerense, destacando su autenticidad y su carisma sin filtros ante las cámaras.

Entre los miles de comentarios de apoyo, los internautas resaltaron principalmente su faceta como trabajador incansable —capaz de desempeñarse como alambrador, leñero o lo que haga falta— y su arraigo a las tradiciones del campo. Sin embargo, el punto de inflexión que selló la empatía del público fue su rotunda aclaración sobre el destino de la carne de jabalí: "Si viene un vecino a comprarme, se la regalo. No la vendo". Este gesto de solidaridad, contrapuesto a la denuncia vecinal por supuesta comercialización ilegal, terminó de inclinar la balanza pública a su favor, transformando un operativo policial de rutina en un debate masivo sobre la vecindad, la envidia y la defensa de la autonomía criolla.

A la espera del veredicto final de Bromatología, Molina dio por cerrado el tema con el mate en la mano y la cuchilla lista para empezar a picar la carne: “Para mí esto no tiene nada de raro. Ahora me voy a poner a hacer los chorizos”.

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