SOCIEDAD
Camino a los 144 años: El emporio agropecuario de Carrafancq, Mendiberry y Cía. en Krabbe
El Álbum de Diario El Orden de 1921 retrató en detalle la monumental obra de estos pioneros de origen francés: diez leguas de campo, cabañas premiadas de reproductores y la gran casa comercial y hotelera «La Hispano-Argentina».
Apenas cuatro días nos separan del 144° Aniversario de Coronel Pringles, y rescatar las páginas del histórico álbum editado por Diario El Orden en 1921 permite dimensionar el pulso productivo de una comarca en plena ebullición. Entre las crónicas consagradas a los forjadores del distrito, sobresale el extenso perfil dedicado a la firma Carrafancq, Mendiberry y Cía., una empresa que convirtió a la estación Krabbe en un polo neurálgico de trabajo y progreso rural.
El valor silencioso de la campaña frente al brillo metropolitano
El cronista de 1921 iniciaba su relato con una aguda reflexión social y cultural sobre la Argentina del Centenario: contrastaba la superficialidad de ciertos círculos porteños —donde la juventud prefería gastar sus energías en modas y salones elegantes como la calle Florida— con aquellos hombressensatos y preparados que elegían la dignidad del trabajo productivo en la inmensidad del campo bonaerense.

En esa primera línea de hacedores situaba a los componentes de la firma: el joven agrimensor nacional Pedro Mendiberry (un criollo de sólida preparación universitaria), su socio activo Ulises Carrafancq y el socio comanditario Francisco Carrafancq, hermano de este último. Aunque oriundos de Francia, llevaban ya más de tres décadas afincados en el país, plenamente "argentinizados", habiendo constituido familias argentinas y volcando toda su descendencia y fortuna al suelo patrio.
Cinco años de tenacidad y expansión ganadera
El inicio de sus tareas en la industria agropecuaria, orientado preferentemente a la ganadería general, se remontaba a unos cinco años antes de la publicación (hacia 1916). La crónica recordaba que fue una lucha ruda y tenaz al comienzo, pero coronada por el éxito gracias a una dedicación sin descanso, entendiendo que las grandes empresas exigen una vigilancia constante para no sucumbir ante el más mínimo traspié.
Los resultados no tardaron en llegar: las pingües ganancias y utilidades líquidas de sus primeros ejercicios les permitieron adquirir en propiedad absoluta las estancias «Eolo» y «La Carlota», que juntas sumaban una extensión de tres leguas.
A estas se sumaba su cuartel general de operaciones: el imponente establecimiento «La Florida», una espléndida propiedad de dos leguas arrendada sobre la mismísima estación Krabbe del Ferrocarril Sud. Sumando otros campos cedidos y en explotación, la firma llegó a administrar una superficie global cercana a las diez leguas de campo en la zona.
Cabaña «La Florida»: ciencia, mestización y planteles de élite
En «La Florida» funcionaba la acreditada cabaña homónima, dirigida en la práctica por los vastos conocimientos del agrimensor Pedro Mendiberry. Lejos de la improvisación, Mendiberry aplicaba de inmediato los métodos y sistemas más rigurosos y modernos en la procreación y selección zootécnica.
La cabaña mantenía una oferta permanente para venta particular de reproductores bovinos Durham y ejemplares ovinos Lincoln y Rambouillet, cuyos méritos no solo abastecían a los hacendados de Pringles y partidos limítrofes, sino que cosechaban valiosos premios y distinciones oficiales en las exposiciones ganaderas de toda la región.
El volumen de hacienda que poblaban esos campos era extraordinario para la época:
Rodeos que sobrepasaban habitualmente los 10.000 vacunos.
Majadas que oscilaban entre los 20.000 y 25.000 lanares.
Una dotación permanente de 1.500 yeguarizos y mulares, indispensables para los trabajos de tiro, carga y silla en semejante extensión.
Grandes cuadros de alfalfares, trigales y avenales cuidadosamente cultivados que completaban el ciclo agropecuario.
«La Hispano-Argentina»: el corazón comercial de la Estación Krabbe
Pero la visión de Carrafancq, Mendiberry y Cía. no se agotaba en la tranquera de sus estancias. En la estación Krabbe montaron la que sin dudas fue la mayor tributaria comercial e industrial del paraje: la firma «La Hispano-Argentina».
Se trataba de un verdadero complejo multifacético que incluía:
Almacén y ramos generales de campaña: abastecía de víveres, provisiones y géneros a una extensa comarca circundante.
Hotel anexo: confortable hospedaje para viajantes, estancieros y pasajeros del ferrocarril.
Barraca de frutos y cereales: operaba en gran escala recibiendo granos en depósito, compra y venta.
El movimiento económico era descomunal: la firma giraba anualmente una suma que superaba con holgura los 300.000 pesos moneda nacional. Al frente de este emporio comercial se hallaba Don Ulises Carrafancq, a quien el álbum describía como un caballero distinguido, culto, de trato ameno y conducta intachable, altamente estimado por la nutrida clientela que desfilaba a diario por sus mostradores.
Una visita obligada
La crónica de 1921 concluía rememorando una frase que se repetía espontáneamente entre los vecinos cada vez que se hablaba de la potencia ganadera del partido: «Visiten La Florida: aquello sí que es importante, aquello vale la pena».
A las puertas de conmemorar los 144 años de nuestra fundación, el testimonio impreso de aquellos pioneros nos devuelve la estampa viva de un Pringles laborioso, donde el campo y las estaciones de tren latían al compás del desarrollo nacional.
15.6ºc